¿Qué les pasa a los niños con TDAH cuando se hacen adultos?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una afección crónica que afecta a millones de niños y a menudo continúa en la edad adulta.

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El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es probablemente el problema de salud mental más sujeto a controversia, a veces plagada de acusaciones morales desde sus polos extremos.

Hay quien, apoyándose en la inexistencia —a día de hoy— de un marcador biológico, aboga por considerarlo un invento, un simple producto de intereses comerciales. También hay quien etiqueta de TDAH cualquier mal comportamiento en clase, bajo rendimiento escolar o conducta disruptiva.

Según la Organización Mundial de la Salud, el TDAH afecta aproximadamente al 5 % de los niños y, siendo la etiología multifactorial, destacan los factores genéticos: que un progenitor tenga TDAH multiplica por 8 el riesgo de padecerlo.

¿Qué pasa cuando el TDAH no se detecta en la niñez?

Lo relevante del TDAH son sus consecuencias en el recorrido vital de los pacientes. En su peor versión, cuando pasa desapercibido y no es tratado adecuadamente, conlleva fracaso escolar (el 40 % abandona los estudios en la ESO), dificultades de relación con los otros niños (peleas, acoso escolar), mayor frecuencia de accidentes y problemas serios de autoestima.

El TDAH, además de trastorno, actúa como factor de riesgo evolutivo de otros problemas de salud mental (depresión, ansiedad, trastornos de conducta, adicción a sustancias). Pero ¿qué ocurre cuando los niños con TDAH se hacen mayores?

TDAH
El TDAH afecta al 5% de los niños en edad escolar, pudiendo llegar hasta un 40% de ellos a continuar padeciéndolo en la edad adulta. Foto: Web

Los estudios longitudinales han mostrado consistentemente que los síntomas TDAH tienden a declinar a lo largo del tiempo, pero persisten en el 40%-50 % de los adultos. La hiperactividad suele mejorar, transformándose a veces en inquietud, y lo que prevalece suele ser la dificultad para concentrarse, organizarse y gestionar el tiempo, para encontrar la pausa necesaria.

Estos adultos toleran mal la frustración, son impulsivos y en más de la mitad de los casos caen en el consumo de sustancias, como alcohol, cannabis o cocaína. Su diagnóstico en la vida adulta es difícil, pues se confunde con los trastornos de personalidad y la dependencia de sustancias.

Con información de NV y El País

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