El techo reconstruido del Tropicana Field técnicamente logró contener a los Cerveceros. Absolutamente nada más ha podido hacerlo.
Cuando la Serie Mundial se trasladó a St. Petersburg para el Juego 3 la noche del lunes, los Rays confiaban en que habían sido derrotados, pero no aplastados, en Milwaukee. Creían que Freddy Peralta podía frenar a su antiguo equipo y mantenían la esperanza de que una sola victoria bastaría para cambiar la narrativa de este Clásico de Otoño.
Entonces llegó el racimo de ocho carreras en un quinto inning que Peralta no pudo completar. Y no fue cualquier explosión ofensiva, sino una en la que todas las anotaciones llegaron con dos outs.
Ese gran episodio, que selló la contundente victoria de los Cerveceros por 10-1, junto con la brillante actuación del abridor de Milwaukee, Robert Gasser, quien permitió apenas un hit en seis entradas en blanco, fue la muestra más clara hasta ahora de cómo este equipo ha desmoralizado a sus rivales y convertido la postemporada en su propio terreno de juego, mientras avanza hacia lo que parece cada vez más probable: el primer título en la historia de la franquicia. Todos los titulares de los Cerveceros se embasaron, ocho de los nueve remolcaron al menos una carrera y el venezolano Jackson Chourio ya acumulaba cuatro hits, a uno de igualar el récord de Serie Mundial para un solo juego, al concluir el quinto capítulo.
“Estaba preparado y quería ganar hoy”, dijo Chourio. “Sabía que ganar este juego era muy importante y que iba a significar mucho para nosotros”.
La poderosa ofensiva de los Cerveceros ha convertido a una defensa de los Rays que había sido prácticamente impecable en octubre en un desastre plagado de errores. También ha neutralizado a una alineación de Tampa Bay basada en el contacto y la velocidad, reduciéndola a un equipo que apenas batea por debajo de .200 y sigue regalando outs en las bases. Incluso provocó que Ben Williamson, de los Rays, se golpeara el rostro con un foul de su propio bate.
Y toda aquella fe, esperanza y confianza terminó ahogada por un balde de agua fría servido por los Cerveceros.
Especialmente en un quinto inning en el que la pizarra pasó de 2-0 a 7-0 en apenas tres pitcheos… y la ofensiva no se detuvo ahí.
“Sin duda, es desalentador”, dijo el manager de los Rays, Kevin Cash. “¿Cómo no iba a serlo?”.
Desalentador y ensordecedor. Porque los Cerveceros no solo llenaron el American Family Field con aficionados que se reunieron para ver el partido en pantalla gigante. El estruendo de los seguidores de Milwaukee que viajaron hasta el Tropicana Field hizo parecer que la cantidad de fanáticos de los Cerveceros rivalizaba con la de los Rays presentes en el estadio.
“Fue increíble, y nuestros jugadores lo sintieron, ellos mismos se lo pueden contar”, dijo el manager Pat Murphy. “Los jugadores miraban a su alrededor como diciendo: ‘¡Guau!’… Eso demuestra hasta qué punto este equipo se ha ganado el corazón de la gente de Milwaukee y del estado de Wisconsin, de todos los aficionados de los Cerveceros. Fue impresionante el nivel de apoyo que recibimos esta noche. Fue algo increíble”.
Y los Cerveceros lo hicieron en el Juego 3 ante un estadio repleto. No solo en el Tropicana Field, donde numerosos aficionados de Milwaukee habían viajado para apoyar a su equipo y el estruendo durante la presentación de los visitantes y cada carrera anotada era ensordecedor. También en el American Family Field, donde hasta conseguir una entrada para ver el partido en pantalla gigante se convirtió en una tarea difícil.
Los Cerveceros han hecho magia este mes, con dos victorias tras estar abajo 4-0, seis triunfos después de permitir la primera carrera del juego, siete remontadas tras encontrarse en desventaja y hasta un batazo que parecía destinado a ser jonrón, pero que fue detenido por un cable del techo. Sin embargo, todo esto representa algo mejor que la magia. Es el béisbol como debe jugarse, basado en el trabajo en equipo, la perseverancia y una ejecución impecable en todas las facetas del juego. Incluso con el Sistema de Retos ABS, en el que el receptor venezolano William Contreras impugnó exitosamente cuatro decisiones de bolas y strikes en un mismo encuentro.
Más allá de que Gasser completó una joya de pitcheo (seis innings, un hit, una base por bolas y tres ponches), de la espectacular atrapada de Frelick en el jardín derecho en el octavo episodio y del regreso de Brandon Woodruff al montículo tras casi cuatro meses de ausencia, en un noveno capítulo en el que los Rays anotaron su única carrera, el resto del encuentro fue prácticamente irrelevante.
Ahora les corresponde a los Rays evitar que el resto de esta Serie Mundial también pierda relevancia. Los Medias Rojas del 2004, en la Serie de Campeonato de la Liga Americana, son el único equipo que ha remontado una desventaja de 0-3 en una serie de postemporada al mejor de siete juegos.
Si estos Rays quieren repetir semejante hazaña, tendrán que encontrar la manera de desactivar a la imparable maquinaria de los Cerveceros.
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