Este sábado en horas de la madrugada en los Estados Unidos, falleció el reconocido médico cardiólogo, doctor Mariano Álvarez a los 101 años de edad. En días pasados le sobrevino un infarto y estaba bastante delicado de salud.
Su inmenso legado a la medicina monaguense, en especial, a la cardiología son una referencia en nuestra entidad. Muere, como cosas de la vida, en vísperas de la Semana Mundial del Corazón, cuyo día central es el 29 de septiembre.
Las reacciones a su fallecimiento en las redes sociales, no se hicieron esperar.
La periodista Angélica Olivero escribió en su facebook. «Realmente asombroso, fue un hombre de larga vida, excelente profesional de la medicina, de una bella familia y amigo de todos. Monagas lo amó, lo ama y amará por siempre. A sus familiares mucha paz porque la fortaleza la tienen. QEPD doctor Mariano Álvarez».
Mientras, el padre Pedro Freites reaccionó expresando «Bendito sea Dios. Qué gran hombre el Dr. Mariano Álvarez. Dejó un hermoso legado entre los monaguenses. Tuve una bella amistad con él, su esposa e hijos. A toda su familia le expreso mi cariño y solidaridad en estos momentos de dolor. Hoy comienzo a celebrar las 9 misas. Él se ganó la Gloria de Dios».
El Cronista de Maturín, profesor Edgar Rondón resaltó que el doctor Mariano Álvarez «ha dejado un legado histórico al pueblo de nuestra entidad federal por su profesión de Cardiólogo y escritor, con su reconocido libro: Historia de la Medicina en el estado Monagas».
Juan Carlos Rodríguez escribió en su facebook «Ilustre Médico Monaguense Dr. Mariano Álvarez…Dios lo reciba en su santo seno y brille para él la luz perpetua… Dejó un gran obra social en su ejercicio como Médico Cardiólogo beneficiando a miles de familias en toda Venezuela.
Paz a su Alma y sentido pésame para sus hijos Tomas Alvarez y el Dr Miguel Alberto Alvarez».
El expresidente de Fedecámaras, Vicente Brito comentó «extraordinario profesional de la medicina y dotado de grandes cualidades humanas. Su labor en el Rotary Club de Maturín y en el hospital Dr. Manuel Núñez Tovar así lo demuestran. Sentido pésame a sus hijos, nietos y amigos. Dios lo tiene en sus elegidos».
Un legado que trasciende
Cuando el Dr. Mariano Álvarez Álvarez llegó a Maturín, a inicios de los años sesenta, la medicina monaguense se encontraba en plena construcción.
La ciudad crecía, el país avanzaba, y en ese contexto de entusiasmo y carencias, su presencia marcó un punto de inflexión. Desde sus primeros pasos, combinó el rigor científico con una sensibilidad humana que hizo de la salud pública no solo un deber profesional, sino una causa de vida.
El 30 de marzo de 1963, en la antigua sede del Hospital “Dr. Manuel Núñez Tovar”, fundó el Servicio de Cardiología, acompañado por un pequeño equipo: su secretaria Nora Mendoza, su auxiliar de enfermería María Alemán y, como médico residente, el Dr. Miguel Hernández. Aquella modesta oficina fue el germen de lo que, con el tiempo, se convertiría en el sistema cardiovascular más sólido del oriente venezolano.
Ese mismo año, bajo las directrices de la División de Enfermedades Cardiovasculares del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, el Dr. Álvarez impulsó la creación de las primeras redes secundarias de cardiología en el estado Monagas.
Estas redes consistían en un sistema itinerante de consulta y diagnóstico que extendía la atención especializada desde la capital hasta poblaciones rurales como Caripe, Caripito y Punta de Mata, permitiendo que pacientes con enfermedades cardíacas pudieran ser evaluados y tratados sin necesidad de trasladarse a Maturín.
Las visitas se realizaban mensualmente, costeadas con los propios recursos del Dr. Álvarez, quien viajaba junto a su pequeño equipo cargando el electrocardiógrafo, tensiómetro y registros clínicos en el maletero de su vehículo. No existían autopistas, ni laboratorios cercanos, ni condiciones cómodas de trabajo, pero sí una convicción inquebrantable: que la distancia no debía ser obstáculo para el corazón que sufre.
Compromiso con la formación médica fue permanente
Introdujo en 1963 las autopsias segmentarias sistemáticas para validar diagnósticos y estableció las discusiones anátomo-clínicas, donde se revisaban casos reales en un ambiente de reflexión y aprendizaje.
En tiempos donde la educación médica continua era escasa fuera de la capital, estas prácticas transformaron la cultura hospitalaria de Monagas y despertaron en los jóvenes médicos el gusto por la investigación.
Con la inauguración del nuevo Hospital “Dr. Manuel Núñez Tovar” el 20 de julio de 1965, el Dr. Álvarez consolidó la estructura funcional del Servicio de Cardiología, que lideró hasta 1984.
Ese año, por vía ministerial, fue designado Médico Jefe del Departamento de Medicina, responsabilidad que desempeñó hasta su jubilación en 1992. Desde esa posición fomentó la educación médica continua, la investigación aplicada y la integración entre servicios, elevando la medicina pública monaguense a estándares que aún hoy sirven de referencia.
En 1966, al cumplirse el primer aniversario del nuevo Hospital “Dr. Manuel Núñez Tovar”, el Dr. Álvarez organizó la I Jornada Médico-Quirúrgica del Estado Monagas, un acontecimiento sin precedentes que convirtió a Maturín en epicentro científico del oriente venezolano.
Aquella primera edición reunió a los clínicos y cirujanos del hospital junto con destacados invitados nacionales, quienes compartieron conferencias magistrales y sesiones de discusión de casos, creando un ambiente académico donde la ciencia se debatía con humildad y pasión.
Planificar y ejecutar un evento de esa magnitud en la década de los sesenta implicaba desafíos que hoy resultan difíciles de imaginar. La ciudad carecía de hoteles adecuados, servicios de transporte o salones equipados. Hubo que improvisar hospedajes en casas de colegas y amigos, adaptar auditorios para salas de ponencias y coordinar los traslados con vehículos particulares. Sin embargo, el entusiasmo de la sociedad civil compensó todas las limitaciones materiales.
Las jornadas se repitieron con éxito en 1975, 1985 y 1991, lideradas por el Dr. Mariano Alvarez, consolidando un espacio de educación continua y presentación de trabajos científicos, donde los jóvenes residentes compartían escenario con profesores de renombre. Aquel esfuerzo sembró un espíritu gremial que trascendió generaciones y dio origen a una tradición académica en la que confluyeron la ciencia, la amistad y el compromiso con la salud pública.
Ese impulso organizador se extendió a nivel nacional. En 1972, presidió el comité organizador del VII Congreso Venezolano de Cardiología, realizado en Maturín, con la participación de ponentes internacionales como Donald B. Efler y Herman K. Hellerstein, del Cleveland Hospital. Se aprovechó este escenario de Academia y Ciencia para inaugurar la primera Unidad de Cuidados a pacientes críticos en el Estado Monagas, ubicada en el cuarto piso del hospital, con el apoyo del Rotary Club de Maturín, que financió la modificación de la infraestructura, la dotación y el equipamiento de 2 camas. Fue la primera experiencia formal de atención intensiva cardiovascular en el Oriente, fuera de Caracas.
En 1965, su trabajo científico fue reconocido por el Colegio de Médicos del estado Monagas, al ganar el Premio Científico “Nicolás Giannini” en su cuarta edición, por su trabajo “El electrocardiograma en el niño prematuro sano”.
Su visión de largo alcance lo llevó, además, a comprender el valor del conocimiento como patrimonio colectivo. Por eso propició la fundación de la Biblioteca del Colegio de Médicos del Estado Monagas “Dr. Jesús Amaro” y la Biblioteca del Hospital “Dr. Manuel Núñez Tovar” “Dr. Horacio Bello”, espacios concebidos como centros de estudio y documentación para las generaciones médicas venideras.
Desde el ámbito editorial, su aporte fue igualmente trascendente. En 1969 fundó y dirigió “La Hoja Médica”, órgano de divulgación científica del Colegio de Médicos del Estado Monagas, convirtiéndola en una plataforma para compartir investigaciones, ensayos y reflexiones sobre la práctica médica venezolana.
Décadas después, en 1993, creó y editó la Revista del Centro Médico de Maturín, publicada con motivo del vigésimo aniversario de esa institución, y que sirvió de vitrina para divulgar los avances médicos y quirúrgicos de este importante centro privado.
En 1987, junto a colegas y amigos rotarios, fundó ASOCOR (Asociación de Amigos del Corazón), organización civil sin fines de lucro dedicada al desarrollo del programa cardiovascular, cuyo trabajo sirvió de puente entre la medicina hospitalaria y la comunidad.
Creación del Centro Cardiovascular
Su liderazgo también fue determinante en la creación del Centro Cardiovascular Oriental “Dr. Mariano Álvarez” en 1992, institución que llevó su nombre en reconocimiento a una vida dedicada a la cardiología y al servicio público.
Paralelamente, entre 1966 y 1986, prestó servicios como médico cardiólogo del IPAS-ME, atendiendo al magisterio con la misma entrega que caracterizó su atención hospitalaria. Para muchos docentes, su consulta fue una cátedra de humanidad: enseñaba a cuidar el cuerpo, pero también el ánimo y la esperanza.
El Dr. Álvarez fue un constructor de instituciones, un sembrador de ideas y un humanista en el sentido más profundo del término. Su legado trasciende la medicina: está en los libros que escribió, en los servicios que fundó, en las aulas que inspiró y en las vidas que tocó.
Este 15 de noviembre de 2024, al cumplirse cien años de su nacimiento, su nombre sigue siendo sinónimo de ética, ciencia y compasión.
Pese a que por razones que no vienen al caso al Centro Cardiovascular de Oriente le quitaron el nombre de este gran médico, tal vez este es el momento de resarcir y devolvérselo, en honor a los años de servicio, aportes a la medicina y en especial, a la Cardiología en el estado Monagas.
Su historia no pertenece solo al pasado, sino a cada joven médico que decide servir con propósito y dignidad.
“Porque un corazón que enseña y sirve nunca deja de latir.” ![]()

Con información de La Hoja Médica. Dr. Miguel Alberto Álvarez
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