La prórroga a Chevron

El gobierno de Joe Biden ha decidido mantener las condiciones de Chevron en Venezuela en los mismos términos de Donald Trump.

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El gobierno de Joe Biden ha decidido mantener las condiciones de Chevron en Venezuela en los mismos términos de Donald Trump. Esta empresa y otras cuatro de servicios petroleros, por decisión de Trump no pueden funcionar en nuestro país para producir petróleo, ya que solo se les permite la presencia de sus oficinas en Venezuela para hacer mantenimiento de equipos. Así era y así continúa con la prórroga de Biden.

Se había creado la expectativa de que con el nuevo gobierno de los demócratas se produciría un cambio de política, un diseño sustancialmente diferente en los parámetros básicos de la relación y no sólo en las formas.

Sin embargo, los hechos indican que no es así y que, en lugar de haberse producido una redefinición de objetivos y métodos de acción, lo que estamos presenciado es un repliegue táctico, en el que se conservan componentes sustanciales de la anterior estrategia, que por distintos motivos no resultó exitosa en el tiempo previsto.

REPLIEGUE

Ahora bien, no puede decirse de forma tajante que no ha habido ningún cambio, porque todo repliegue implica modificaciones en las formas de actuar, retrocesos en algunos casos y casi siempre la adopción de nuevas tácticas.

La meta de los repliegues es proteger fuerzas, recuperarlas en un terreno menos cuestionado para luego pasar a la ofensiva con banderas renovadas.

Para ello, se abandonan posiciones que ya no son ventajosas y se produce la retirada hacia otras políticas más provechosas, consensuales o atractivas, al tiempo que se mantiene el accionar de los instrumentos con mayor capacidad de impacto.

El objetivo estratégico se mantiene: la reinserción de Venezuela en la esfera geoestratégica estadounidense, lo que corresponde a una arista de la política internacional que había perdido resonancia con el fin de la Guerra Fría, pero que ha tenido un reimpulso vigoroso con el surgimiento de la multipolaridad.

Se está ante una suerte de nueva guerra fría que involucra a China, Rusia e Irán, definidos como enemigos de la coalición occidental y como influencia malévola para las ‘juveniles’ naciones latinoamericanas.

SANCIONES

Como parte del repliegue, se ha puesto sordina al vector de la amenaza, con fines disuasivos, de una intervención militar. También se ha ido desvaneciendo la imagen de un poder dual. Al pasar los meses, solo queda al desnudo la apropiación de cuentas y activos por gobiernos extranjeros, que son, de hecho, el verdadero poder dual. Con el repliegue, pueden esperarse mejoras en las relaciones diplomáticas y consulares.

Por otra parte, no se tiene con Venezuela la urgencia de una prioridad, por lo que el desenlace puede esperar y se ubica en un horizonte temporal menos inmediatista. El objetivo no se abandona, pero se espera alcanzarlo más adelante. Así mismo, cambia el tono y el discurso. Menos estridencia y retórica, menos argumentos geopolíticos y poca exhibición de la doctrina Monroe, y más discursos sobre el funcionamiento de la democracia y sus valores.

Lo que sí se mantiene es el vector de profundidad, el de las sanciones, con sus medidas de bloqueo que prohíben la venta de petróleo venezolano y las transacciones bancarias de Pdvsa, para privar de divisas a Venezuela. Una suerte de bombardeo que apunta a objetivos indefensos y causa desasosiego en la población civil.

En eso consiste el repliegue, un discurso más consensual, el de elecciones libres, sin levantamiento del bombardeo de profundidad y sus efectos demoledores de largo plazo.

VIRAJE

Tal vez ya estemos en una época en que algunos factores de Washington puedan comenzar a pensar en una redefinición a fondo de sus relaciones con Venezuela, y no en un simple repliegue táctico. Para tal fin, tendría que comenzarse por una negociación entre los dos países sobre el conflicto que los enfrenta.

La negociación en la que Noruega actúa como intermediara no contempla este asunto, que requeriría un diálogo específico entre los dos Estados. Se apunta solo hacia la dimensión del conflicto interno, pero se ignora y evade al que opone a Washington y Caracas.

Para ponerle fin a este conflicto, Washington debería renunciar a la aspiración a que Venezuela sea parte de su dispositivo geopolítico y, en su lugar, negociar un acuerdo de cooperación y convivencia, basado en los innumerables lazos que unen a las dos naciones, bajo el precepto básico de igualdad soberana. El repliegue en curso, con su táctica de “sanciones más elecciones libres”, nunca tendrá el potencial de un auténtico viraje.

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Vía Leopoldo Puchi
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