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Mientras Nicolás viaja hacia la eternidad la pandemia no cesa. Todo indica que por delante tenemos meses de angustias sino años

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Nicolás El Chaer falleció este lunes, 7 de septiembre a consecuencia del coronavirus.

Partió Nicolás a reunirse con el tío José. Lucho mucho, todo un guerrero, durante semanas para continuar entre nosotros pero al final el coronavirus se lo llevó.

No es un dato más en la creciente suma de las estadísticas de la OMS que ayer reportaba 891 mil fallecidos. Se trata de Nicolás nuestro hermano más que amigo, compadre, vecino. Tampoco a ser cierto ninguno de los caídos en este año horrible son un número: fueron seres humanos con familia, con un futuro por delante ahora trocado, con padres que lloran a sus hijos, con hijos que lloran a sus padres, con mujeres que sufren por sus hombres, por hombres que sufren por sus mujeres, por nietos que pierden sus abuelos e incluso, más terrible aun, por abuelos que pierden a sus nietos. 891 mil tragedias y sigue girando la rueda macabra hasta nadie puede pronosticar cuando.

No hay palabras para describir tanto dolor. El de Susu, esposa y madre, el de José NicolásJoselin y Jessica orgullosos hijos, el de Radan más lacerante por la distancia, MarycarmenOmar y Machal hermanos. También el nuestro que somos familia.

Nicolás hijo devoto, marido dedicado, padre amoroso, buen hermano, se ha ido pero su recuerdo perdurará por siempre entre tantos que les quisimos y le queremos porque el sentimiento no termina con su marcha.

Nicolás que del tío José aprendió el enorme valor del trabajo y a puro empeño levantó empresas que hoy son referentes en la entidad, arraigado en esta tierra de gracia que el tío y la tía hicieron suyas llegados del Líbano.

Nicolás austero, modesto, a quien el éxito nunca se le subió a la cabeza y al cual jamás, en este tiempo de sectarismos, le importó banderías.

En una rápida ceremonia lo despedimos porque no pudo ser distinto por las restricciones obligantes. Por él oramos ayer y lo haremos hoy y en cada ocasión que le recordemos, en cada instante que vuelva a nuestra memoria lo mucho que compartimos. Lo veremos en su casa que es la nuestra y en la nuestra que fue la suya tomando café y fumando argile, en el club en partidas interminables con los paisanos, estará con nosotros cuando Joselin reciba su título de posgrado y Jessica el de pregrado, cuando nuestras sobrinas lindas caminen hacia el altar del brazo de José Nicolás y cuando él también lo haga de la mano de Susu,

Mientras Nicolás viaja hacia la eternidad la pandemia no cesa. Todo indica que por delante tenemos meses de angustias sino años. Para la “nueva normalidad” como se califica los tiempos del post-COVID19 resta bastante y solo llegaremos a ella si nos cuidamos. Distanciamiento social; cuarentenas tan estrictas como sea posible; lavarse las manos frecuentemente; al toser o estornudar, cubrirse la boca y la nariz con el codo flexionado o con un pañuelo; evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca son reglas elementales que todos hemos oído y que pueden salvarnos la vida.

Y responsabilidad, responsabilidad colectiva que lamentablemente pareciera difícil: sorprende que ante tanto pasado todavía haya quien pretenda ignorar “la peste” que azota a la humanidad.

RugsUSA WW

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