Tristeza, nostalgia, impotencia y resignación Eso es lo que han vivido este mes los sobrevivientes de La Guaira luego de que dos fuertes terremotos cambiaran sus vidas para siempre.
Aun nos conmovemos con los relatos de quienes en primera persona enfrentaron este fenómeno natural, que a las 6:04 pm de aquel 24 de junio sacudió los suelos del litoral central.
Tanaguarenas, Catia La Mar, Caraballeda y Los Corales resultaron las más afectadas con el colapso de edificaciones que se llevaron consigo familias, vidas y sueños de una población que ya habia resurgido del deslave de 1999.
Los propios vecinos iniciaron las labores de búsqueda y rescate en primera instancia, luego se unieron los cuerpos de seguridad del Estado junto a rescatistas y voluntarios internacionales.
La primera semana se logró el rescate de algunas vidas entre mujeres, niños, adolescentes y mascotas. Una muy recordada la de aquel 28 de junio cuando lograron detectar señales de vida de Hernán Gil, un guardia de seguridad del Centro Comercial Playa Grande. Su rescate se logró el 2 de julio, siendo hasta la fecha el último logrado en medio de la desgracia.
«Yo me doy por servido. Ya indiferentemente lo que pase de aquí a partir de ahora. Él está bien y logramos acceder», afirmó el rescatista costarricense Alan Madrigal una vez completado la operación de salvamento.
La esperanza siguió con el pasar de los días. Muchos casos ilusionaban con ver nuevas vidas salir de los escombros, pero lamentablemente no ha sido posible. Para muchos familiares la resignación llegó y solo esperan el poder encontrar los cuerpos de sus seres queridos para poder darles un último adiós.
La solidaridad se mantiene, las labores continúan y muchos siguen de pie tratando de sobrellevar una situación que será imposible de olvidar para todo un país que hoy llora.
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