Al ritmo envolvente del arpa, cuatro, maracas y el enérgico zapateo, los alumnos de la escuela de Joropo «José Alí Moleiro», del Instituto de la Cultura del Estado Monagas (Icum), ofrecieron un espectáculo que hizo vibrar a los presentes que se encontraban en la plaza Rómulo Gallegos de Maturín.
La celebración se llevó a cabo con motivo de festejar el Día Nacional del Joropo, declarada bien de interés cultural de Venezuela el 15 de marzo de 2014 y elevada a patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO en diciembre del año pasado, debido a su valor festivo, saberes tradicionales y diversidad regional.
Así lo manifestó la coordinadora de la escuela de joropo del Icum, Evelyn Contreras, quien reseñó la actividad efectuada por sus alumnos, niños y jóvenes que demostraron su destreza y pasión a través de dos coreografías grupales, cada una con seis parejas y siete bailes individuales, luciendo además hermosos y coloridos trajes típicos para este baile.
La atmósfera festiva, se complementó con las voces de dos cantantes y la música en vivo de una agrupación llanera, conformada por tres integrantes de la escuela de joropo y un bajista del ente cultural.
La instructora dio su agradecimiento al gobernador Ernesto Luna y al presidente de la institución de la cultura en la entidad, Romer Botini, por la confianza depositada en su labor de enseñar y guiar a estos niños y jóvenes.
«Desde hace cinco años, ellos han aprendido a darle el valor a esta expresión vibrante de nuestra cultura que debemos preservar y enseñar a las nuevas generaciones. El joropo es más que mover el cuerpo, es conectar con nuestra historia y mantener viva una tradición ancestral, sintiendo el orgullo de ser venezolanos», destacó Contreras.
Expresión del arte venezolano
La joven bailarina de este evento cultural, Julianny Gómez manifestó sentirse muy contenta de poder contribuir y transmitir la importancia de aprender a desempeñar este baile como expresión maravillosa de ser venezolana.
Por su parte, Freddy Pastrana expositor de esta expresión cultural del país, relató su experiencia.
«Me inicié a bailar gracias a mis vecinos. Al principio no me gustaba, pero al practicarlo y descubrir su significado, se siente como un despertar a lo nuestro, algo inexplicable, por lo que invitó a los niños y jóvenes a que se unan a la escuela y vean lo que es ser venezolano», expresó Pastrana.



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