Cada Miércoles Santo, la advocación del Nazareno de San Pablo cargando la cruz camino al Calvario, está presente en las oraciones, agradecimiento y ruegos de sus fieles, en una indiscutible fe, amor y confianza que se expande en el territorio nacional.
Con el Miércoles Santo concluyen los 40 días de la cuaresma, por lo tanto no hay simbologías litúrgicas, con la excepción de que en Venezuela tiene lugar la devoción popular por El Nazareno.
En ese sentido, el Miércoles Santo se convierte en la celebración más nutrida, concurrida, la más seguida, no solo en Venezuela sino en muchos países de América Latina.
La morada del Nazareno

La Basílica de Santa Teresa, en Caracas, la capital, se convierte en el centro de todas las miradas el Miércoles Santo, pues es la morada de la venerada imagen desde el 28 de octubre de 1881.
Por allí pasan miles de personas para pedir o agradecer diariamente al Nazareno de San Pablo por la sanación de los enfermos, los sufrimientos o necesidades. El Miércoles Santo no es la excepción para que, desde todas partes del país sus devotos se acerquen a la Basílica de Santa Teresa a pagar promesas, dedicar oraciones o simplemente adorar la imagen.
“Hay una conexión espiritual de amor muy grande, entre el Jesús sufriente y el pueblo cristiano que también sufre. Vienen a orar ante Jesús cargando la cruz, que es el Nazareno vestido con esa túnica morada, con ese gesto de dolor, aunque al mismo tiempo de entrega amorosa por nosotros”, explica el sacerdote rector de la Basílica Santa Teresa, Armelin De Souza.
Amar al prójimo
Destaca el presbítero De Souza que, la primera oración que casi siempre se pide es por la salud, “no solo la propia, sino muchas veces intercediendo por un hijo, hija, esposo, hermano, madre, familiar o amigo, es decir, una oración solidaria ante Jesús, El Nazareno, pidiendo por alguien querido”.
El gesto solidario, invita a entender que amarnos los unos a los otros, comienza muchas veces por una oración sencilla, “ver la necesidad del otro y encomendarla a Dios”, puesto que a veces se quiere ayudar y no se tienen las posibilidades.
Una oración siempre llega al corazón del otro; decirle a otro: “estoy orando por ti”, es probable que no soluciona el problema, aunque sí le hace sentir acompañado, que no está solo.
“Ahí está la clave fundamental de lo que Jesucristo nos vino a enseñar: amar a Dios, amar al prójimo”, expresa el Sacerdote.
La conexión del creyente con el Nazareno
La imagen de San Pablo, vista desde abajo, es como un Cristo que está encorvado, y pareciera se fuera a lanzar encima de quien la ve. “Es como si uno pudiera sentir que Él se extiende y abraza”, señala con emoción el padre De Souza.
Al reflexionar sobre lo que se siente cuando se está frente a la imagen, el Rector de la Basílica, señala: “Uno ve esos rostros de tanto amor, compasión, uno ve lágrimas, ve ojos llenos de cariño, de misericordia. Quedas admirado de lo que genera esta imagen, y lo que representa en el corazón del creyente”.
Para la gente sencilla, la imagen es una manera de entrar en ese misterio tan grande que es Dios. “La imagen ayuda a ese vínculo, a sentir esa cercanía”, señala.
El limonero del Señor

La imagen querida por el pueblo está ligada a la historia de Caracas, con el gesto de los limones, del limonero del Señor, hasta el día de hoy.
En la tradición popular, se ubica el primer gran milagro del Nazareno de San Pablo entre los años 1696 y 1697. De acuerdo a la historiografía, un barco llegó al puerto de La Guaira, procedente de Europa con pasajeros enfermos de fiebre amarilla o vómito negro, lo que en seguida se convirtió en una terrible epidemia.
En Caracas, los fieles sacaron en procesión al Nazareno, implorando, con profunda fe, curar a los enfermos y concluir con la epidemia. En la esquina de Miracielos (hoy en el centro de la ciudad), la corona de espina del Cristo martirizado se enredó en una mata de limón, cuyos frutos fueron recogidos por los devotos al grito de “¡Milagro, milagro!”.
Se afirma que tomar el limón puro o en infusión curó a los enfermos, y con ello concluyó el contagio de la enfermedad.
El escritor venezolano, Andrés Eloy Blanco, se inspiró en la historia para el poema “El limonero del Señor”, que además de enaltecer la devoción por el Nazareno de San Pablo, realza la tradicional peregrinación de los caraqueños cada Miércoles Santo.
La advocación de Jesucristo también tiene especial relevancia en Achaguas, estado Apure, en Cabudare y Los Rastrojos en Lara. “Por su devoción centenares de personas visten de morado y hacen una procesión para pagar las promesas ofrecidas”, destaca la licenciada en Educación y Filosofía, Lourdes Margarita Morales.
Cinco mil orquídeas para el Nazareno

Al Nazareno de San Pablo lo bajan de su nicho antes de Semana Santa para que esté más cerca del pueblo que lo adora hasta el Miércoles Santo, día en que sale en procesión adornado con las ya tradicionales cinco mil orquídeas.

Unas 120 personas, entre Brigadistas de la basílica, integrantes de la Cofradía Del Nazareno, equipo de ornamento, catequistas, entre otros, trabajan con mística y devoción con las orquídeas, flores y ramos que van dejando los fieles, para al concluir la última misa del lunes, después de las seis de la tarde, adornar la imagen y trasladarlo al Altar Mayor.

Las donaciones incluyen crisantemos, margaritas, azahar, y material de floristería: palitos de altura, alambre dulce, oasis, tirro de embalaje y planchas de anime, que se recibieron desde el Domingo de Ramos.
Mujeres, hombres, ancianos y ancianas, niños, niñas, jóvenes, van de prisa, casi que con el alma en la mano para llegar a tiempo, y entregar la ofrenda que permitirá adornar la sagrada imagen.
Doce misas cada hora y media
La primera misa, de doce, será en la medianoche del martes 31, justo a las 11:45 p.m. se abrirán las puertas del Basílica para el inicio de las santas misas, que se realizarán cada hora y media, a lo largo del día.

A partir de las 04:00 de la tarde del miércoles primero de abril, el Nazareno se trasladará a la plaza Diego Ibarra, donde tendrá lugar la última misa, a las 05:00 p.m., y posteriormente iniciará la procesión a las 06:30 p.m.
La también investigadora cultural, Margarita Morales, explica que, la tradición religiosa del pueblo venezolano perdura desde la colonia, aunque se ha transformado.
“En el inicio de la mayoría de los hogares en Semana Santa es uno de los momentos en los que es utilizado para el descanso y la reflexión donde los valores de convivencia y espiritualidad se manifiesta de forma visible”.
De igual forma, recuerda que, de acuerdo con los evangelios, Jesús se sacrificó por el perdón de los pecados de todos los seres humanos, y por esa misma idea las y los venezolanos, al participar en esta conmemoración, reafirman la convicción de vivir con respeto, amor y promoviendo la paz”.
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