Ni el calor abrasador ni la distancia logran diluir el lazo invisible que une al maturinés con su tierra; un sentido de pertenencia que transforma a la «ciudad de los caños» en un hogar lleno de solidaridad y alegría.
Para entender el arraigo, primero hay que entender a su gente. Según el historiador del estado Monagas, Miguel Mendoza Barreto, la identidad de este municipio traspasa sus calles y se sitúa en la energía de quienes las recorren.
«Si hay algo que define a la gente de Maturín es su jovialidad y belleza; no solo física, sino en su actuar y en su profunda solidaridad. No olvidemos que, entre 1813 y 1814, en Maturín se libraron cinco batallas esenciales, cuatro de las cuales ganamos y que fueron fundamentales para el proceso de independencia.
Ese pasado fue definiendo al maturines como alguien valiente, con disposición a lo heroico y con un amor entrañable hacia su terruño y hacia los demás», afirma el experto.
Esa calidez humana encuentra su eco en la poesía. Para la poeta Delvalle Muñoz, el arraigo es como un árbol que crece dentro de cada uno de los habitantes de esta hermosa tierra bendita. «Hablar de Maturín es hablar de su dinamismo y de los cambios que invitan a sus habitantes a descubrirse… Maturín tiene algo que no lo vamos a encontrar en ninguna otra parte del mundo y es: su autenticidad como ciudad», expresa Muñoz con lirismo.
La vibra del municipio Maturín se mete en las venas; es que no hace falta nacer en él para ser parte de su alma. El cantautor Miguel Adonay es un vivo ejemplo de ello: aunque sus raíces están en el estado Apure, lleva casi 50 años respirando el aire de la «Ciudad Distinta».
«El que viene a Maturín se queda, y si no se queda, vuelve, porque esta tierra es maravillosa y su gente es buena… No se puede negar que Maturín hoy tiene otra cara y eso es gracias al trabajo de nuestra alcaldesa, Ana Fuentes», señaló Adonay, el hombre que ha convertido su gratitud en versos y canciones, demostrando que el gentilicio maturinés es, ante todo, un acto de voluntad y amor.
Al final del día, el arraigo del maturinés no se mide en años de residencia, sino en la profundidad de las raíces que se echan en esta tierra de sol y sabana. Como bien señalan la historia, la poesía y el canto, Maturín es el escenario que inspira al artista.








