La noche en la capital monaguense suele ser cómplice del silencio, pero para Elena fue el escenario de una batalla por su vida.

El caso de Elena es conmovedor y aleccionador.
La noche en la capital monaguense suele ser cómplice del silencio, pero para Elena fue el escenario de una batalla por su vida. Sus gritos, ahogados por el pánico, cortaron la calma de la zona mientras yacía herida y despojada de su dignidad sobre una platabanda fría.
¡Piensa en mi hijo!, suplicaba, mientras el hombre que juró protegerla se transformaba en su verdugo.
Aquella madrugada no sólo dejó cicatrices en su rostro; dejó al descubierto el rastro invisible de un miedo que hoy, gracias a la intervención oportuna de Polimaturín, se ha convertido en un expediente de justicia.
Este no es sólo el relato de una sobreviviente, es la radiografía de una ciudad que, durante el último año, ha visto cómo las denuncias por violencia de género ascendieron a la alarmante cifra de 478 casos.
Tras las puertas de la Policía Municipal, un equipo de mujeres uniformadas trabaja contrarreloj para que el próximo grito de auxilio no llegue demasiado tarde.
Elena aún recuerda su primer golpe. Siempre guardó la esperanza de que la situación mejorara y que su victimario no volviera a herirla, ni física ni verbalmente. Sin embargo, el silencio se transformó en una noticia que conmocionó a la ciudad de Maturín.
Según declaraciones de la víctima, ella celebraba su cumpleaños junto a su pareja. Al regresar a casa para continuar el festejo, el hombre decidió descansar debido al agotamiento por el alcohol, mientras ella seguía compartiendo con dos allegados. Presuntamente, al despertar, el agresor malinterpretó la escena creyendo que su compañera estaba en brazos de otro. El odio nubló su juicio y reclamó una supuesta traición.
Tras un forcejeo, «Ramón» (nombre ficticio de uno de los involucrados) logró escapar. Fue entonces cuando Jolis, esposo de la mujer, arremetió contra ella, golpeándola sin piedad, repetidamente.
En medio del silencio de la noche, los gritos de auxilio alertaron a los vecinos, quienes llamaron a los funcionarios del Cuadrante de Paz #33 de Polimaturín.
Los oficiales, que mantenían recorridos constantes por la zona, llegaron de inmediato. Encontraron a la joven sobre la platabanda, herida y aterrorizada, suplicando que no la dejaran sola; temía que su pareja cumpliera la amenaza de matarla con un cuchillo. Su único deseo era vivir por su hijo.
Esa madrugada, Elena fue trasladada de emergencia al hospital de la ciudad con un pronóstico no tan alentador. Presentaba complicaciones graves por traumatismos torácico, abdominal y ocular izquierdo, además de múltiples contusiones en gran parte del cuerpo; un cuadro clínico que dejó severas secuelas en su vida.
Cruzar las puertas de la Policía Municipal no es sólo un trámite administrativo; para muchas, es el paso más difícil de sus vidas. Es el momento en que el silencio se rompe frente a un oficial de seguridad.
Estas instalaciones operan como una oficina diseñada para ofrecer atención segura y recepción de denuncias penales, brindando acompañamiento psicológico y emitiendo medidas de protección urgentes para separar al agresor de la víctima.
Históricamente, muchas mujeres han callado el maltrato por temor a represalias, especialmente cuando el agresor es su concubino. La violencia contra la mujer abarca cualquier maltrato físico, psicológico, sexual o verbal y las estadísticas en Maturín reflejan una realidad alarmante.
En el año 2025, la oficina de Violencia Contra la Mujer de Polimaturín recibió 478 denuncias, un incremento significativo frente a las 349 registradas en lo que va de periodo. Este aumento evidencia la vulnerabilidad de las mujeres ante las agresiones de sus parejas o terceros.
La Policía Municipal, bajo la dirección del comisario general Antonio Pérez Luis, cuenta con la oficial jefe Marbelis Balbás como coordinadora de la oficina de Violencia Contra la Mujer desde el año 2024. A este esfuerzo, se suma la Unidad Integral de la Mujer, liderada por la inspector jefe Yulimar Roca.
Ambas oficinas se fusionan para garantizar que al denunciar, la mujer reciba apoyo inmediato en los ámbitos penal, psicológico y moral. Su misión principal es velar por el bienestar emocional de la víctima y asegurar que no sea revictimizada durante el proceso.
Recientemente, la oficina también procesó casos preocupantes de hombres que maltrataban a sus propias madres, lo que demuestra la complejidad y el alcance de esta problemática.
La violencia contra la mujer se mantiene como una de las crisis de derechos humanos más graves en el mundo. Se estima que 840 millones de mujeres han sido víctimas de violencia sexual o física por parte de su pareja a lo largo de su vida. Aproximadamente 1 de cada 3 mujeres ha sufrido este tipo de violencia.
De acuerdo a cifras que datan del año 2025 estas son las estadísticas:
Población joven: El 16% de las adolescentes (15-19 años) reportó haber sufrido violencia en el último año.
Zonas críticas: Oceanía presenta las tasas más altas (38%), mientras que en América Latina la cifra ronda el 10-12% en el último año según el país.
En nuestro país, ante la falta de cifras oficiales actualizadas con frecuencia, las organizaciones de la sociedad civil (como el Monitor de Femicidios de Utopix y el OVV) son las fuentes de referencia:
Femicidios: Durante el año 2025, la ONG Utopix registró al menos 155 femicidios consumados en todo el territorio nacional. Esto equivale aproximadamente a un femicidio cada 56 horas.
Femicidios en grado de frustración: Se ha observado un aumento en los intentos de asesinato, con casos reportados casi cada 24-30 horas. La violencia psicológica sigue siendo la más denunciada (81%), seguida de la física (45%) y la económica (29%).
El estado Monagas ha mostrado una tendencia compleja según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV):
Letalidad: Aunque hubo una reducción en la tasa general de delitos violentos en años anteriores, la letalidad (el uso de violencia extrema que termina en muerte) aumentó en la región.
Incidencia en Maturín: Como capital, concentra la mayor cantidad de reportes de violencia intrafamiliar. El OVV Monagas destacó que, en periodos críticos del año, los femicidios y las agresiones graves contra mujeres y niños representaron una parte significativa de los sucesos mortales en la entidad.
Existe un alto índice de subregistro. Muchas mujeres no denuncian por miedo o desconfianza en las instituciones, por lo que las cifras reales podrían ser mayores a las documentadas en medios y registros policiales.
La sentencia de 25 años de prisión dictada contra el agresor de Elena, no sólo representa un castigo proporcional a la gravedad de los actos cometidos, sino que envía un mensaje contundente a la sociedad: la violencia contra la mujer no gozará de impunidad.
Este fallo judicial reafirma el compromiso de las instituciones con la protección de la integridad femenina y sienta un precedente vital en la lucha por erradicar el silencio y la desprotección que históricamente han rodeado estos casos.
La historia de Elena es el reflejo de cientos de mujeres en Maturín que hoy deciden dejar de ser víctimas para convertirse en sobrevivientes.
La violencia de género no es un asunto privado que deba quedarse tras las puertas del hogar; es un problema de salud pública y seguridad ciudadana. Con el respaldo de instituciones como Polimaturín y el marco legal vigente, el mensaje es claro: No estás sola, denunciar es el primer paso para recuperar tu libertad y tu vida.
El llamado es urgente para todas aquellas mujeres que atraviesan situaciones de maltrato: denuncien. Las puertas de esta oficina están abiertas las 24 horas, los 7 días de la semana, con un equipo de funcionarias capacitadas para actuar incluso en situaciones de flagrancia durante los fines de semana.
Es fundamental recordar que la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, es una ley especial que establece delitos como violencia psicológica, acoso, hostigamiento, amenaza, violencia física y actos carnales, con penas que oscilan entre los seis meses y los 25 años de prisión.
Alineados con los objetivos de las Naciones Unidas para erradicar este flagelo, Polimaturín reafirma su compromiso con la creación de una sociedad más segura y justa. Aquí, en la unidad especializada, no se juzga a la mujer por su miedo; se le ofrece la contención necesaria para recuperar su vida.
Con información de Ruth Mary Balbás
Prensa Polimaturín
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