
Biblioteca William Henry Phelps de San Antonio de Capayacuar
En el corazón del municipio Acosta, donde las montañas se mantienen verdes incluso en sequía, se erige una estructura que rompe el paisaje colonial para evocar la cuna del conocimiento antiguo. Se trata de la Biblioteca “William Henry Phelps”, inaugurada el 5 de septiembre de 1.948.
Con una arquitectura que emula al Partenón griego, este recinto no es solo un acervo de libros, sino un lazo que conecta la historia y el amor de un hombre por esa tierra. La leyenda de este «tesoro de conocimientos» comenzó con una expedición científica y terminó en un compromiso de vida; así lo relata Rosalba Maestre, poeta, productora de televisión y actual coordinadora de la biblioteca.
Cuenta que William Henry Phelps, para entonces un joven estadounidense estudiante de ornitología, atraído originalmente por la avifauna del Turimiquire, encontró en San Antonio de Capayacuar algo más que aves exóticas, halló al amor de su vida. Tras casarse con Alicia Elvira Tucker una bella joven de San Antonio, Phelps inició una historia empresarial y cultural que dejaría una huella imborrable en uno de los pueblos más hermosos de Venezuela.
Phelps edificó una obra majestuosa ubicada en el núcleo cultural e histórico de la capital del municipio, un símbolo que nos recuerda que la lectura es cada vez más urgente en un mundo que avanza aceleradamente.
La imponente biblioteca, única en su estilo en Venezuela, fue la forma que ese “hombre de mundo” halló para retribuir al pueblo de San Antonio el cariño con que lo acogió, sin saber que casi ocho décadas más tarde su obra impactaría a varias generaciones y se posicionaría como ejemplo de persistencia y sabiduría.
Pintada de colores pasteles, el diseño arquitectónico de la biblioteca la hace parecer una postal extraída de una enciclopedia de historia universal. Las cuatro columnas robustas delanteras, rodeadas de trinitarias multicolores en el jardín, inspiran a reflexionar sobre el amor como cimiento. Porque solo un sentimiento genuino y profundo permite materializar un legado como el que el señor Phelps le regaló a San Antonio de Capayacuar.
El interior de la biblioteca es otro viaje; una experiencia que transporta en el tiempo con marcos de madera robusta, color roble rojo, que reposan sobre un piso pulido e impoluto. La iluminación consta de lámparas circulares de buen gusto que penden desde el techo hasta un metro sobre las mesas, las cuales emiten una luz tenue pero suficiente para apreciar cada obra en los estantes de la Sala “Maestra María Quiroz”, un área que alberga cerca de 1.500 libros infantiles.
Este tesoro de información impresa se suma a los aproximadamente 2.000 ejemplares de la segunda ala de la biblioteca, la cual hace honor al insigne escritor Julián Padrón, un hijo ilustre de San Antonio de Capayacuar que, como tantos acostenses, ha dejado su nombre escrito en la historia de Venezuela.
En total, el arsenal de libros en físico supera las 5.000 unidades, incluyendo los que reposan en el depósito para ser clasificados, muchos de ellos donados por bibliófilos que fomentan el hábito de la lectura en un mundo dominado por lo digital.
Para Maestre, la biblioteca representa una oportunidad de expansión que trasciende lo académico. En sus propias palabras, este espacio permite a los ciudadanos «conocer el mundo que los rodea desde todos los puntos de vista«. Al caminar por sus acogedores espacios se encuentran pequeñas réplicas de la edificación elaboradas en distintos materiales que han sido obsequiadas por artistas locales y regionales inspirados por este «faro de luz«.
La biblioteca es un recurso invaluable para miles de niños de las parroquias San Francisco y San Antonio que pueden explorar el mundo a través de los libros. Allí complementan su formación leyendo literatura de calidad y con fuentes verificadas, sin el peligro de la “infoxicación” que abunda en internet cuando se navega sin un curador de contenidos.
Igualmente, ese templo de saber es un refugio para aquellos que, por limitaciones académicas o económicas, no pudieron culminar sus estudios formales. Maestre subraya que la institución brinda la oportunidad de formarse a través de talleres y cursos, donde facilitadores de la comunidad e invitados especiales comparten sus conocimientos para contribuir al desarrollo de este terruño de ensueño.
«Lo que me hace más feliz es que mucha gente haya recuperado el interés por tomar un libro en sus manos«, comenta con satisfacción sobre su labor en la biblioteca siendo protectora de un patrimonio incuantificable, rol que desempeña con especial dedicación.
A 78 años de su fundación, la institución sigue siendo un espacio vibrante. Recientemente fue sede de un foro sobre el contexto nacional donde participó Jorge Martínez Rojas, un estudiante de la Universidad Central de Venezuela oriundo de San Antonio, hecho que demuestra que la obra de Phelps mantiene su relevancia para las nuevas generaciones.
Sin embargo, el alcance de la institución no se limita a sus paredes físicas. Maestre explica que han establecido alianzas estratégicas con otras bibliotecas nacionales e internacionales. Estos acuerdos han permitido la ejecución de proyectos educativos diseñados para incentivar la lectura. Según la coordinadora, aunque las herramientas digitales son valiosas, «es muy lindo viajar a través de los libros«.
Pero el valor de San Antonio no termina en sus libros. A pocos metros, la iglesia de la parroquia San Antonio de Padua, un monumento con 230 años de historia, resguarda la famosa leyenda de la «Cabeza de Vaca», una pintura en el techo que atrae a curiosos de todo el país.
No menos importante es la Plaza Bolívar, ubicada frente a la iglesia y la biblioteca, donde los lugareños se reúnen frecuentemente como un vínculo social y cultural que forma parte esencial de la identidad de San Antonio.
Para la virtuosa poeta, estar al frente de esta casa de saberes desde hace cuatro años es un «inmenso honor«. Afirma que San Antonio de Capayacuar se presenta ante el mundo como un pueblo de calles limpias, gente cordial y rincones naturales que enamoran.
«San Antonio de Capayacuar es un pequeño paraíso que Dios bendijo con atractivos turísticos que no tienen nada que envidiarle al Salto Ángel o a Morrocoy«, afirma Maestre, invitando a todos a descubrir este rincón del Oriente donde la historia, el conocimiento y la naturaleza se abrazan.
Agradecimientos especiales a la Alcaldía del Municipio Acosta y a la Dirección Municipal de Turismo por la colaboración prestada para realizar este artículo sobre tan maravillosa obra.
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Esta entrada ha sido publicada el 7 de abril de 2026 10:35 PM
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