Si nos entendemos y ganamos confianza entre los diversos sectores, en vez de usar el crédito para sacar divisas las usaríamos para invertir, producir y elevar la productividad.

José Antonio Gil Yepes.
Entre las políticas económicas que las empresas entrevistadas por la Encuesta Multisectorial Empresarial de Escenarios Datanalisis señalan como los principales frenos al crecimiento se encuentran la falta de crédito bancario, altos impuestos, la sobrevaluación del bolívar, el contrabando y los ilícitos aduaneros. En esta oportunidad, nos concentraremos en el tema del crédito bancario porque este aspecto refleja los dos cambios más importantes para recuperar la economía: Sustituir la política antiinflacionaria basada en reducir la liquidez por una política dirigida a subir la oferta y, para ello, necesitamos recuperar la confianza intersectorial. Veamos cómo el crédito se relaciona con la confianza.
Dice Yuval Noa Harari, en su obra Sapiens: De animales a dioses, que ”…Para comprender la historia económica moderna, sólo necesitamos comprender una única palabra,…crecimiento…” y, en su análisis de los condicionantes del crecimiento, llega a la conclusión de que depende del surgimiento del crédito, en su versión moderna.
“Durante la mayor parte de la historia, la economía mantuvo aproximadamente el mismo tamaño…la producción global aumentó, pero esto se debió principalmente a la expansión demográfica y a la colonización de nuevas tierras (no al crecimiento de la productividad). La producción per cápita se mantuvo estática…hasta el Siglo XVI cuando apareció el crédito”… como lo conocemos hoy. No es que antes no lo hubiese, dice Harari, pero estaba limitado a la misma cantidad depositada por los ahorristas o a la cantidad de que disponía el prestamista individual. Eso no fue suficiente para hacer crecer la economía. Lo que la hizo crecer fue el principio sostenido por las leyes y gobiernos de que en ciertas instituciones llamadas bancos se pudiese prestar hasta diez veces por cada unidad monetaria depositada; lo que significa que el 90 por ciento de todo el dinero que pueden prestar los bancos no está cubierto por monedas y billetes reales.
Aunque alguno podría criticar que esto parece un gigantesco sistema Ponzi, o pirámide, la práctica muestra que no se trata de un engaño, sino más bien de una manifestación de la asombrosa capacidad de la imaginación humana. Lo que permite que los bancos (y la economía entera) sobrevivan y prosperen es nuestra confianza en el futuro. Esta confianza es el único respaldo para la mayor parte del dinero del mundo.
En un ejemplo de una pastelería, referido por Harari, la diferencia entre el estado de la cuenta corriente del constructor del local y la cantidad de dinero que hay realmente en el banco es la pastelería que recibió el crédito para construir. Por su parte, los depositantes habían colocado su dinero en el banco confiando en que su dinero siempre estaría disponible y, en el caso de los depósitos a plazo, que le rentaría algún beneficio. Para que todo esto se cumpla, se necesita que dentro de unos meses la panadería esté vendiendo panes, pasteles y galletas, con unos magníficos beneficios, para todos. Entonces la pastelería podrá devolver su crédito con intereses. Así, toda la operación se basa en la confianza en un futuro imaginario.
Para generar este círculo virtuoso no sólo se necesita dinero, sino también confianza entre los diversos actores de la cadena. Esa confianza sólo se puede construir si el dinero da la vuelta completa y satisface todas las expectativas. Para que ese proceso se cumpla exitosamente, es necesario que los actores involucrados formulen, de común acuerdo, unas reglas de juego (leyes, reglamentos, ofertas de tasas de interés, seguros de depósitos bancarios, etc.) que satisfagan las expectativas de cada actor. Entonces, hemos llegado, a través de estas reflexiones, a la conclusión que la posibilidad de contar con el crédito moderno depende de la capacidad de las partes para dialogar, negociar y ponerse de acuerdo
. Si nos entendemos y ganamos confianza entre los diversos sectores, en vez de usar el crédito para sacar divisas (una de las razones para tratar de bajar la inflación limitando la liquidez y sacrificando a empresas y consumidores), las usaríamos para invertir, producir, elevar la productividad, bajar la inflación, elevar el empleo, el consumo, el bienestar y la estima hacia los actores público-privados involucrados. No en balde la palabra crédito viene del latín, credere, creer; confianza entre las partes.Lea también:
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