Este 16 de Julio, millones de venezolanos, sin presiones ni dádivas, se volcaron sobre las urnas de la consulta popular convocada por la unidad democrática para expresar opinión sobre tres preguntas definitorias de nuestro mañana. A la par miles, muchos bajo  amenaza, transportados en unidades gubernamentales con responsables de grupo lista verificada en mano, los menos por convicción, se presentaron en centros de votación para simulacro de votación por la inconstitucional constituyente.

Bien pude titular hoy “Somos Millones” o incluso, animado por un espíritu excluyente que nunca será mío, “Son unos pocos miles”. Pero ni somos millones ni son unos pocos miles, a pesar de lo que diga la calle y cuanto estudio de opinión se haya realizado en los últimos meses, somos uno solo porque el pueblo es uno y Venezuela es una.

En Maturín hay un sitio emblemático de la lucha por democracia: en la Avenida Alirio Ugarte Pelayo cruzando hacia el sector Tipuro, día tras días en estos más de 100 de resistencia, hombres y mujeres de toda edad, pero mayoritariamente jóvenes, se concentran para expresar su rechazo al régimen y demandar libertad. Acuden espontáneamente, nadie les lleva, hacen sus pancartas y multiplican el ingenio en las distintas expresiones contra los responsables del estado de cosas que tanto nos afecta.  Han enfrentado con coraje a la guardia nacional, soportado el gas lacrimógeno  y la embestida de colectivos, velado sus heridos y plenos de solidaridad con los detenidos. De los 85 Puntos Soberanos decididos para Monagas, uno se resolvió ubicarlo allí.

En la tarde del sábado 15, un centenar de motorizados de franela roja se plantaron provocadoramente a pocos metros. Vehículos oficiales trasladaron toldos, mesas, sillas, potentes reflectores y llegada la noche asaron kilos de carne seguro de algún Mercal que se quedó sin existencia. Enterado el liderazgo opositor, deliberamos qué hacer y nadie dudó: el Punto Soberano no se mueve. En la madrugada, al despertar,  los oficialistas deben haberse sorprendido cuando eran centenares los que a su izquierda se agolpaban preparando lo necesario para la jornada que a las 7 se iniciaría puntual. Fue el mejor Punto Soberano de la entidad; no solo por los casi diez mil que manifestaron su voluntad sino por la organización, alegría y espíritu unitario.

Ni un solo grito, ni una sola ofensa partió de los “rojos, rojitos”. Observaron tranquilos y de cuando en vez trepados en sus motos daban una vuelta para mirar a la desbordante multitud que hacía colas para votar. En algún momento comenzaron a saludar a su paso, a tirar besos las mujeres, a multiplicar las señas de simpatía.

Concluyendo la jornada, una periodista amiga me enseñó un video que logró hacer. Se había movido hacia los toldos oficialistas y entre los varios testimonios que levantó me impactó  el de una señora, de franela con los ojos de Chávez, que a punto de llorar afirmó emocionada: “Nosotros también queremos cambio pero que sea para todo el mundo”. Así debe ser porque reitero somos uno.

 

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