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Somos responsables de ponerle fin a la violencia de género

Últimos estudios indican que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. De acuerdo con las cifras

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Johel Orta Moros, dirigente nacional de Soluciones para Venezuela.

En los últimos años se ha incrementado de manera alarmante el índice de violencia contra la mujer. Las estadísticas arrojan que no sólo es agredida físicamente por su pareja sentimental, sino que también es víctima de maltrato verbal, sexual, psicológico, emocional y patrimonial.

Un ambiente hostil como el mencionado representa una bomba de tiempo que podría finalizar, en el peor de los casos, en feminicidio, entendido sociológica y penalmente, como un crimen de odio, pues se comete el asesinato de una mujer «por el hecho de ser mujer».

El término feminicidio hizo su aparición a principios de 1990 para estudiar el asesinato de mujeres, como la expresión más extrema de la violencia de género y que representa un mal global con mecanismos generalizados de impunidad que alcanza proporciones epidémicas.

Una sociedad racional y de avanzada obliga al Estado a garantizar a las mujeres y a sus respectivas familias, el ejercicio y pleno goce de sus derechos; en nuestro caso, consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, así como en las leyes, convenciones y tratados internacionales.

Lamentablemente, la violencia de género trasciende todos los sectores sociales, independientemente de su clase, grupo étnico, nivel cultural y educacional, de ingresos, edad o religión, agravando las bases del núcleo familiar.

El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Una historia dolorosa ocurrida en 1960 cuenta que las hermanas María Teresa, Patria y Miranda fueron asesinadas vilmente a palos y puñaladas por funcionarios del dictador dominicano Leonidas Trujillo. Un hecho dantesco y brutal que obligó al Congreso de Feministas Latinoamericanas y Caribeñas de 1980 a declarar esa fecha para la reflexión internacional.

Desde todo punto de vista, es inconcebible y repudiable justificar cualquier tipo de agresión contra el género femenino, una vergonzosa situación que sufren todavía un número significativo de mujeres alrededor del mundo.

Nuestro país cuenta con la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Aun así, es necesario seguir impulsando, desde todas las instancias oficiales, instituciones privadas, sector universitario y demás planteles educativos, diversas campañas para prevenir, sancionar y erradicar hasta el más mínimo acto de violencia contra la mujer. Esto como condición indispensable para su desarrollo individual y social, su plena e igualitaria participación en todas las esferas de vida y puedan contar siempre con protección jurídica y seguridad ciudadana por parte del Estado y del gobierno de turno.

Valga la ocasión para recordar la frase de Ban Ki-Moon, exsecretario general de la ONU: «Rompe el silencio. Cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres no te quedes de brazos cruzados y actúa». Lamentablemente, en la mayoría de los casos no se denuncia la agresión contra la mujer, bien sea por temor y vergüenza de la víctima o por creer que no habrá justicia sino retaliación.

Últimos estudios indican que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. De acuerdo con las cifras suministradas por Monitor de Víctimas, entre enero y mayo de 2019, sólo en Caracas, un total de 30 menores de edad quedaron huérfanos de madre debido a la violencia de género. Una cifra que casi iguala a la de 2018, cuando 45 menores de edad perdieron a su progenitora en hechos de sangre.

De acuerdo con el registro del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) y aunque duela reconocerlo, nuestro país está considerado como el más violento de América Latina porque se producen 81 homicidios por cada 100 mil habitantes. Un panorama que nos obliga a revisarnos como ciudadanos para ponerle fin a esta tragedia social.

A la par de esta situación de violencia contra la mujer, ha ido cobrando fuerza en la actualidad y de manera sostenida el concepto de empoderamiento femenino, acuñado en 1995 durante la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing.

El empoderamiento femenino se refiere al aumento de la participación de las mujeres en todos los procesos de toma de decisiones y en el acceso al poder. También alude a la concientización del rol individual y colectivo que ostentan en la recuperación de su propia dignidad como personas.

Hay quienes equiparan este término con un feminismo mal entendido.
El feminismo nació como un movimiento social que busca la igualdad con el hombre y el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente le estaban reservados al género masculino.

Mujeres y hombres tenemos los mismos derechos y somos indispensables en el desarrollo y evolución de cualquier sociedad.

Elevamos nuestra voz para que sea reconocida la presencia femenina en todos los estratos del Estado y que bajo ninguna excusa se le excluya o denigre. Condenamos de igual manera cualquier pretensión de violentar su humanidad.

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