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¿Por qué las lunas galileanas de Júpiter llaman la atención de científicos?

Los satélites de Júpiter descubiertos por Galileo Galilei contienen características que han fascinado por años a la comunidad científica

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Júpiter es toda una maravilla del sistema solar. Su colosal tamaño permitiría que hasta 1.400 planetas Tierra tuvieran cabida en su interior, y esto mismo le ha hecho captar el impacto de la gran mayoría de meteoritos y otros objetos que podrían ser amenazadores para nosotros. Además, es fácilmente reconocible por el gigantesco ciclón denominado como «La Mancha Roja». Sin embargo, esta vez no vamos a hablar de este peculiar planeta, sino de sus fascinantes lunas.

En el siglo XVII Galileo Galilei identificó por primera vez cuatro de las lunas de Júpiter, que con el tiempo terminaron apodándose «lunas galileanas». Sin embargo, con la tecnología de ese entonces resultaba muy complicado diferenciar una luna con estrellas lejanas. Por eso Gaileo decidió quedarse por noches enteras observando el movimiento de los astros. En cuestión de días se dio cuenta que los nuevos cuerpos giraban en torno al imponente Júpiter.

Las cuatro lunas han sido motivo de estudios y conversaciones debido a sus notorias particularidades. Por un lado se pueden parecer una de la otra, pero por el otro presentan características únicas en el sistema solar.

Primero tengamos en cuenta que el nombre de Júpiter es solo la transcripción romana del dios griego Zeus. Además, los nombres de las cuatro lunas galileanas corresponden con algún amorío o aventura que tuvo el todopoderoso dios del Olimpo.

Ío

Ío es el satélite más cercano a Júpiter y es ligeramente más grande que nuestra luna. Concretamente, Ío tiene 3.643 kilómetros de diámetro y nuestro satélite unos 3.474km.

Lo que es tan impresionante de Ío es que es uno de los pocos cuerpos con actividad volcánica en el sistema solar. Los otros lugares de donde se puede afirmar esto es Venus, y por supuesto, la Tierra. Sin embargo, el vulcanismo de esos planetas no se compara al del satélite.

Se sabe que la superficie de Ío está cubierta de Azufre, lo que explica su color amarillo. Su trayectoria elíptica y cercana alrededor de Júpiter provoca que la poderosa gravedad del planeta termine generando mareas de azufre de más de 100 metros de alto. Por supuesto, esto provoca explosiones volcánicas que expulsan grandes cantidades de magma de silicato caliente.

Su nombre se debe a una de las doncellas y sacerdotisas de Hera de las que se enamoró Zeus. Así se convirtió en su amante, pero la esposa del dios se enteró de la aventura. Ío terminó convertida en ternera y siendo captiva por el guardián de 100 ojos, Argos. Ante esto, Zeus ordenó a Hermes rescatarla, quien durmió al gigante al tocar su flauta y lo asesinó en el acto.

Ganímedes

Si Júpiter destaca por ser el planeta más grande de nuestro vecindario, Ganímedes hace lo propio por ser la luna más grande de todo el sistema solar. Concretamente, tiene un diámetro de 5.262 kilómetros. Para ponerlo en perspectiva: Mercurio solo tiene 4.879 kilómetros de diámetro. Sí, la luna resulta ser más grande que un planeta. Además, ocupa la mitad de Marte.

Como si fuera poco, Ganímedes es el único satélite natural del sistema solar que posee campo magnético propio. Su atmósfera está compuesta de ozono, oxígeno molecular y algo de hidrógeno molecular. También se sabe que está compuesto de silicatos y una corteza de hielo. De hecho, se cree que esta corteza flota por encima de una capa de agua líquida.

En la mitología griega, Ganímedes era un héroe hijo del rey Tros, de donde surgió el nombre de Troya. El joven se encontraba exiliado en el monte Ida cuando Zeus lo vio y se enamoró de él. Se dice que el dios se transformó en un águila y lo raptó para llevárselo al Monte Olimpo para convertirlo en su amante.

Calisto

Si hay algo que caracteriza a Calisto es que su superficie tiene una impresionante cantidad de cráteres. Se cree que es el cuerpo con más cráteres del sistema solar. Este hecho podría deberse a que recibió demasiados impactos de meteoritos y no tiene aparente actividad tectónica que modifique el terreno.

Calisto es el satélite más lejano de Júpiter y cuenta con una rotación síncrona. Es decir, tarda el mismo tiempo en girar sobre sí mismo y en girar alrededor de Júpiter. Esto provoca que siempre muestre su misma cara al planeta, como pasa con nuestra Luna.

En la mitología se describe a Calisto como una cazadora seguidora de Artemisa, diosa de la caza. Como de costumbre, el enamoradizo Zeus quedó perdidamente atraído por ella, y decidió seducirla. Para ello se transformó en Artemisa mientras Calisto, encantada, aceptó tener una aventura sin ser consciente del engaño.

Europa

Mientras Ío se muestra como un satélite completamente volcánico, el caso de Europa es muy distinto. La razón de esto es que se puede ver que su superficie está completamente cubierta de hielo. Las lineas rojas que se ven en las fotografías que se le han tomado no son otra cosa que grietas en el hielo. Además, son escasos los cráteres que existen en su superficie.

La NASA tiene una fuerte creencia de que kilómetros debajo del hielo de la superficie de Europa se encuentra el mayor océano de todo el sistema solar. Así es: los científicos han repetido en varias ocasiones que el hielo estaría cubriendo vastas extensiones de agua líquida del satélite. Mientras en la superficie la temperatura desciende más allá de los -160 ºC, el agua subterránea tendría temperaturas más altas gracias a la actividad de su núcleo.

Los científicos creen que Europa puede tener hasta dos veces más de agua de lo que tiene la Tierra. Por lo tanto, se le ha considerado un gran candidato para encontrar otras formas de vida en nuestros alrededores.

En la mitología su nombre proviene de una de las tantas mujeres que Zeus raptó para seducirlas. Tanto Europa como Zeus se dirigieron a la isla de Creta y allí fue que el dios reveló su verdadera identidad. Además, convirtió a Europa en la gobernante de la isla de Creta. Por supuesto, su nombre terminó definiendo el nombre del continente europeo.

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