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Polarización opositora paraliza acciones políticas

En el escenario político, las negociaciones y los procesos electorales suelen verse erróneamente como el mecanismo definitivo para un cambio y no como instrumentos que pueden impulsarlo.

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Francisco Olivares.

Uno de los éxitos más importantes que ha tenido la oposición en los últimos 10 años fue el triunfo en las elecciones parlamentarias de 2015; pero también constituyó un duro “golpe” político para el chavismo el resultado de las elecciones de abril de 2013, poco después del fallecimiento de Hugo Chávez el 5 de marzo de ese año.

A pesar del abrumador ventajismo del chavismo en esas elecciones, el control del CNE, la aplicación del voto asistido, las irregularidades detectadas en mesas electorales con votantes con varias cédulas y una gran cantidad de denuncias por fraude, el gobierno chavista apenas pudo presentar un cuestionado “triunfo” de Nicolás Maduro con apenas 200 mil votos por encima del adversario opositor, Henrique Capriles, que generaron un año de protestas y movilizaciones.

Si bien fueron golpes políticos importantes a favor de la oposición, es necesario mirarlos como hechos que sumaron en el complejo camino para derrotar a una dictadura; más allá de errores o si la oposición supo o no capitalizar esos triunfos.

La fuerte represión sobre opositores, el desconocimiento de los espacios ganados legítimamente, el exilio obligado, las detenciones, agresiones, inhabilitaciones, han polarizado los extremos en un juego de “todo o nada”. Con certeza se caracteriza al chavismo como una dictadura, manejada por mafias que han destruido la industria nacional; además de la corrupción que se ha apoderado de varios miles de millones de dólares y la conversión de la FANB en una fuerza pretoriana.

Esa descripción, sin embargo ha provocado que, en cada escenario que se presenta, la visión que priva es “todo o nada” como lo han observado destacados analistas. Es decir, si no lleva a la salida inmediata de Maduro, no sirve. De allí que la polarización ha separado en dos extremos a los opositores: los llamados “colaboracionistas” que piensan que es posible conseguir un cambio a través de mecanismos políticos y aquellos que solo apuestan a la salida por la fuerza. Es de aclarar que en las luchas políticas siempre hay factores que se infiltran, que se venden, que traicionan. Y eso puede ocurrir en ambos bandos.

Ese estigma que ha polarizado durante años a la oposición y ha dividido no solo a la dirigencia sino también al electorado, generó la desconfianza en toda la dirigencia y sembró un desconcierto que ha concluido que Venezuela ya se perdió y que “esta gente jamás dejará el poder” a pesar de la ruina a la que han llevado a todo el país. Un dramático ejemplo es qué más de 5 millones de venezolanos se fueron del país y gran parte de la clase media está en planes para abandonarlo. Ese es el mayor fracaso que ha tenido la oposición.

La mayoría de las transiciones en el mundo, según los estudios e investigaciones que ha aportado el equipo del politólogo John Magdaleno han terminado en negociaciones. Ellas se producen cuando quienes detentan el poder se ven presionados interna y externamente y dentro de sus mismas filas hay factores que entienden que es mejor negociar que hundirse con el barco.

Quienes se apoyan en la esperanza de una intervención militar o un golpe de Estado interno, no cuentan en este momento con elementos certeros de que ello esté en proceso. Hasta EEUU, con Trump al frente, ha propuesto una transición negociada. Janes Story, encargado de Negocios de EEUU para Venezuela ratificó que: el gobierno de Trump está en disposición de levantar las sanciones “siempre y cuando haya conversaciones entre las partes para llegar a unas elecciones libres y justas”.

La salida de fuerza si ocurriera solo se conocería cuando estalle. En este escenario es poco o nada el rol del sector político opositor pues no tiene injerencia alguna dentro de la FAN.

En el caso venezolano, ese escenario no ha ocurrido y los pocos focos aislados de rebelión que se han conocido no pasan de un pronunciamiento que termina en exilio de sus líderes, sin apoyo y sin capacidad militar.

En el escenario político, las negociaciones y los procesos electorales suelen verse erróneamente como el mecanismo definitivo para un cambio y no como instrumentos que pueden impulsarlo. Cuando se ganó la Asamblea Nacional la emocionalidad llevó a la dirigencia a decir que “en seis meses sacaban a Maduro”; con lo cual polarizaron más al país y no se logró capitalizar este triunfo. Asimismo ha ocurrido con el diálogo, las negociaciones y con el escenario electoral. Son situaciones que se presentan y se aprovechan o no.

Las condiciones ideales: sin Maduro en el poder, supervisión internacional y un CNE independiente no están dadas y no se darán en las condiciones actuales; pero no luchar por ellas, buscar mecanismos que acerquen esas posibilidades es renunciar a esa instancia de lucha. La abstención le entregó la mayoría de las gobernaciones al chavismo. A Andrés Velázquez le arrebataron el triunfo en Bolívar; pero eso no lo descalifica por haber participado.

El mejor escenario para el chavismo es la oposición dividida, arrebatarle toda la Asamblea Nacional con una minúscula oposición “controlada” y la mayoría de los dirigentes inhabilitados o en el exilio. Así podrán mantenerse más tiempo en el poder con una población dependiente viviendo de las limosnas que ofrece el gobierno y ocupados en buscar alimentos, agua, gas y gasolina.

Twitter: @folivares10

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