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Lula quedó libre tras 580 días de prisión

Si bien no puede ser elegido para ejercer cargos públicos, sí puede encabezar las luchas de su colectividad.

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Lula quedó en libertad este viernes.

Lula da Silva salió de la cárcel de Curitiba, Brasil, con la frente en alto, vestido de negro y entre los gritos de sus seguidores que aclamaban “Lula Libre”. Difícilmente podía caminar: entre periodistas, guardas de seguridad, líderes del Partido de los Trabajadores y simpatizantes que corrían sobre él con banderas rojas y letreros de “Lula es inocente” parecía perderse entre la multitud.

Después de estar 580 días en una celda de 15 metros cuadrados, el juez Danilo Pereira ordenó darle la libertad ayer viernes, aplicando una decisión que el Supremo Tribunal Federal adoptó al caer la tarde del pasado jueves para derogar un criterio que la justicia estableció hace tres años. Esa determinación indicaba que un acusado podía ir a prisión a pesar de que el proceso en su contra estuviera aún sin culminar.

El jueves los once magistrados de ese Tribunal –un organismo comparable con la Corte Suprema de Justicia de Colombia– votaron 6 a 5 a favor de pedir que los acusados solo puedan ir a prisión si su proceso ha pasado por todas las instancias que contempla la justicia brasileña, que son cinco, incluyendo apelaciones.

Así, la defensa del expresidente de 74 años pidió su libertad citando que el juez para el caso Lava Jato y actual ministro de Justicia, Sergio Moro, lo envío a prisión por el caso Tríplex mientras su proceso estaba en segunda instancia. Fue el 7 de abril de 2018 cuando Lula perdió su libertad acusado de recibir un apartamento de la constructora OAS, vinculada con la corrupción de Petrobras, a cambio de beneficios del gobierno.

El abogado constitucionalista de ese país, Alberto Rollo, explica que con la decisión del Tribunal Supremo Lula tiene derecho de salir hasta que se agoten todos los recursos que faltan en el caso de la propiedad que habría recibido, expediente que cursa la tercera instancia. Sin embargo, ese no es el único pleito en su contra: hay otros seis procesos en marcha y, si en cualquiera es hallado culpable en la última instancia, volvería a prisión.

Proceso de dudas

Caía la tarde en Curitiba. A 20 grados centígrados, una temperatura media comparada con los 40 grados que alcanza la zona donde estaba la cárcel, Lula pronunció su primer discurso en libertad: “Ustedes son lo que necesitaba para resistir esta bajeza del lado podrido de la justicia”. De fondo, entre aplausos, coplas y estruendos de pirotecnia, la multitud lo aclamaba. Durante esos 19 meses, siempre hubo simpatizantes suyos acampando fuera de la prisión para apoyarlo.

Y en las últimas semanas los hechos se volcaron a su favor, dando aliento a movilizaciones. No solo el debate en el Supremo Tribunal Federal exhortaba su causa, sino que una investigación de The Intercept reveló que Moro, el juez que lo sentenció, habría colaborado con los acusadores de Lula para explicarles cómo ganar el proceso contra el expresidente.

Por ese antecedente el profesor del Departamento de Política de la Universidad Estatal de Campinas, Guilherme Santos Mello, afirma que la investigación fue clave para inclinar la balanza a favor de Lula.

“Esas nuevas informaciones generaron dudas sobre Moro porque habría sido un juez parcial, con motivaciones políticas y que habría contaminado el proceso”, indica. Incluso, la oposición pide anular los expedientes de Moro.

De vuelta al ruedo

Ahora, con la justicia temporalmente a su favor, un cúmulo de seguidores a sus espaldas y el fantasma de la derrota electoral de su partido en las elecciones presidenciales de octubre de 2018, Lula regresa al campo político. Si bien no puede ser elegido para ejercer cargos públicos, sí puede encabezar las luchas de su colectividad.

La integrante de la Coordinadora regional de investigaciones económicas y sociales (Cries), Carolina Silva, explica que “la libertad de Lula es un elemento central de polarización y profundizará la división política que tenemos hoy día en la sociedad brasileña”. Hay un elemento que tanto Silva como el profesor Santos señalan: con el expresidente libre, el ahora mandatario, Jair Bolsonaro, tendrá un enemigo público en libertad sobre el que podrá centrar su discurso.

Lula da Silva ahora encabeza dos tareas. La primera, enfrentar sus procesos ante la justicia desde la libertad; la segunda, recomponer a un partido amainado por el ascenso de la derecha con Bolsonaro.

Deudas de Lula con la justicia

Caso Tríplex, señalado de corrupción pasiva y lavado de dinero.

· Caso en Atibaia, también acusado de corrupción pasiva y lavado de dinero.

· Trama en el Partido de los Trabajadores, acusado de asociación ilícita.

· Caso Guinea Ecuatorial por presunto lavado
de dinero.

· Compra de un terreno para el Instituto Lula con dinero de Odebrecht.

· Posibles contratos en Angola vinculados con los delitos corrupción pasiva, tráfico de influencia, lavado de dinero y asociación ilícita.

· Interferencia para crear u incentivo fiscal para empresas de vehículos y aviones de caza. En este caso es señalado de tráfico de influencias, lavado de dinero y asociación ilícita.

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