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La lista de Año Nuevo

Esta carta para Año Nuevo ya está muy larga y complicada. Mejor dejemos esto así que en febrero estará peor la cosa.

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¿Qué debe atacarse primero de cara a la reconstrucción de Venezuela, luego del fin del imperio chavista y su máquina destructora? Para algunos la respuesta apunta a la política en primer término. Otros creen que la economía es prioritaria dada la hambruna general y la casi absoluta quiebra de todos los ámbitos que ha creado el mandato milicosocialista. Otra parte considera que las dos materias son clave y que la varita mágica debe actuar sobre los dos pedazos de la mesa de manera simultánea. Otros meten en el mismo saco a la justicia, la venganza, el orden moral, las buenas costumbres y hasta la vialidad y servicios.
Algunos argumentan que en Chile o España sin recomponer la política no era posible que lo económico fluyera mejor y en beneficio de todos. Igual ocurre, pero al revés, como en el caso de Fujimori quien se tragó toda la política como una boa para dejar una poderosa herencia de crecimiento que todavía hoy, a pesar de las eternas boberas y robaderas de los políticos, se mantiene firme y curvera.
Pero, en todo caso, intentemos hacer una carta, ya no de Niño Jesús, pero sí de Año Nuevo. Veamos. Muy por encima, eso sí.
Primero. Rescate de las instituciones del Estado, de los órganos de control de los choros políticos, de la separación de poderes, de la independencia judicial y otros entes como el Poder Moral.
Segundo. Reconstruir las Fuerzas Armadas, quitarle ese tufo a comunismo corrupto, gatillo alegre y matraquero que baña hasta al último de los uniformados, especialmente a la Guardia Nacional. Ni hablar de las policías, cada vez más involucradas en delitos que en actos de justicia o de seguridad. Otro sector que necesita un baño de Pinolín XXX es el de los organismos de inteligencia, más cubanos que nunca y sembradores de cualquier cosa con tal de complacer a los amos.
Tercero. Revivir una poderosa y verdadera descentralización y desconcentración del poder. Hay que borrar para siempre la idea de que no hay un presidente sino un amo, un jefezote, un chivo que más mea. Que sea el líder del Ejecutivo y responsable de lo que le corresponde, según la Constitución y las leyes. No el repartidor de limosnas y agresor de colectividades que es ahora. No más cadenas para ver al jefe de Estado haciendo ridículas payasadas o bailando salsa cabilla como si estuviera en el Mercado de Coche un sábado con la música a todo volumen y el pipote de cervezas en un rincón. Debe venir un verdadero jefe de Gobierno. Los payasos al circo y van bien. Ese es su trabajo.
Cuarto. Eliminar esa malísima práctica que dejó el militar muerto al establecer cadenas nacionales, crear programas propios y generar una red de programas de otros personajes de la cúpula que le compiten o le adulan. Ya nadie los ve, es la verdad, pero ese espacio y ese gasto inmenso deben ser dirigidos a asuntos realmente útiles.
Quinto. El chavismo acabó y arruinó a Pdvsa, así que eso de país rico y gran productor petrolero es historia previa al chavismo. Ni gasolina suficiente producen estos bárbaros. Lo que hay es un tremendo potencial bajo la tierra que, de seguir así, será para beneficio de China, Rusia y todo el que llegue a sacar algo con tal de que le reparta alguito a la cúpula enquistada en el poder. Hasta Guyana está sacando donde no le toca. Pero los dejaron y lo hicieron muy complacidos. Rescatar la industria petrolera, de minerales, oro y otras variedades nuevas, será tarea de titanes. El chavismo barrió con todo esto.
Sexto. Raspar la fuente de corrupción más grande del chavismo como son el control de cambio y de precio, es parte fundamental de la tarea que toca. De este mecanismo perverso salieron los Bolichicos, los Gorrín, los cuidadores de fortunas de herederas y amigotes, los Andrade. Y muchos más. Esta es la verdadera esencia de la guerra económica, el saqueo.
Séptima. Fundamental el rescate de la autonomía del Banco Central y otros entes que no pueden funcionar como corresponde si están bajo la bota socialista. Sin una verdadera política económica la pelazón será igual o peor de lo que el chavismo construyó en 20 años.
Octava. No hay manera de que venga dinero fresco ni por vía de préstamos o por emisión de duda. La mala fama del chavismo lo impide. Y menos se puede hablar de inversión extranjera, cuando en Venezuela no se respeta ni al propietario de un conuco. Ni un dólar, que no sea parte de la lavadora, va a ingresar a Venezuela bajo las reglas del chavismo. Así de simple.
Esta carta para Año Nuevo ya está muy larga y complicada. Mejor dejemos esto así que en febrero estará peor la cosa.
Qué tengan un 2019 lo menos difícil posible. Es lo más que se puede desear.

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