Inicio Regionales “Estás en terapia intensiva, ojalá no te dejen morir” (Crónica)

“Estás en terapia intensiva, ojalá no te dejen morir” (Crónica)

Una odisea vivió Ingrid y su familia, cuando ingresó al Humnt para que le realizaran una cesárea

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Cada vez son más los ingresos por esta causa en el Humnt.

Cuando Ingrid se enteró que estaba embarazada no lo podía creer. No sabía si lo que sentía era alegría o preocupación, debido a que la situación económica actual que atraviesa el país no es la más apta para traer un bebé al mundo.

La escasez de alimentos y sus altos precios, era lo que le pasaba por su mente en ese momento, y por esas mismas razones siempre se protegía cuando mantenía intimidad con su pareja, para evitar quedar en estado.

Por los momentos, lo menos que quería era traer al mundo a un bebé y no poder brindarle las atenciones necesarias, a pesar, que, en muchas ocasiones habían planeado en hacer crecer a su familia. En uno de esos intentos, el anticonceptivo falló. Pasaron los días y después de aceptar la realidad, sintió una gran emoción, la misma de hace 7 años, cuando dio a luz a su primera hija Nazaret.

Lo primero que hizo fue ponerse en control con un ginecólogo para chequear que todo el proceso de embarazo resultara exitoso. Ingrid visitaba al especialista una vez al mes. Pasó el tiempo y la última consulta a la que asistió ocurrió la tarde del martes 6 de febrero de 2018. El doctor le programó la cesárea para la mañana del jueves 8 de ese mismo mes.

El Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar (Humnt), fue el recinto escogido para que naciera la pequeña Amanda.

Pese a los centenares de comentarios que a diario se escuchaban de ese hospital, como falta de insumos, déficit de galenos y que la paciente tenía que comprar “de todo” para que le realizaran la cesárea, a Ingrid no le quedó de otra, que aceptar ser atendida en el primer centro asistencial de Maturín. No contaba con los recursos económicos para costear la operación quirúrgica en una clínica privada, que en su mayoría son 100 % confiables y exitosas.

LA ODISEA

La noche del miércoles 7 de febrero, Ingrid junto a su mamá acomodaba todo lo necesario para llevarse al Humnt la mañana siguiente. Dentro de una maleta y un bolso, procuraban que nada les faltara. Revisaban una y otra vez que todo estuviese completo. En una bolsa más pequeña, guardaron los insumos que desde el primer mes con esfuerzo y sacrificio habían comprado. Ya sabían que en el hospital no se consigue ni una inyección.

Esa misma noche, Ingrid comenzó a sentir inmensos dolores que le impedían dar un paso. De manera inmediata, su madre Lourdes y su hermano Cristian comenzaron a llamar a conocidos y taxistas para que le hicieran la “carrerita”, hasta el Núñez Tovar. Todos los intentos resultaron en vano. Nadie atendió los teléfonos.

Fue un compañero de trabajo de Cristian, quien prestó su colaboración y se trasladó hasta la calle 2 del sector Prados del Sur y buscó a toda la familia.

Al llegar al hospital, el reloj marcaba las 11:15 de la noche. En la entrada solo estaba un vigilante y una mujer. La fémina le pidió a Ingrid que la acompañara al segundo piso, mientras que sus familiares debían permanecer en la sala de espera, donde había otras 50 personas sentadas en los bancos. Vestían con chaquetas para protegerse del frío.

A los pocos minutos, Ingrid se comunicó con sus parientes y les dijo que debía comprar una historia médica. Justo en ese momento, un hombre alto y de piel morena, les dijo que él tenía aquellas hojas donde plasman los datos de todos los pacientes que ingresan al recinto y que los mismos tenían un valor de Bs. 35 mil con efectivo.

Cristian no tenía los billetes, por lo que se trasladó a la librería que funciona en la parte de afuera, donde compró las seis hojas en Bs. 44 mil con punto de venta.

Una vez con los papeles en mano, los galenos le notificaron a Ingrid que necesitaba un crómico número 1, que es una sutura absorbible. Aunque ella tenía el crómico número 2, los doctores dijeron que no les servía.

Cristian, comenzó a recorrer todo el hospital para procurar el insumo que le estaban pidiendo a su hermana. Paseó los cinco pisos del centro médico, pero lo hacía asustado, con miedo y viendo para todos lados. Se sentía inseguro. El muchacho cuenta que no hay seguridad, que solo dos policías custodiaban pero el área de Emergencias, donde esa noche al menos tres hombres ingresaron presentando impactos de balas en sus cuerpos.

En los alrededores del recinto, dormían en el piso los familiares de los pacientes. Solo una sábana, la oscuridad y el frío de la noche, eran sus acompañantes. Quizás estaban tan cansados, que ni el sonido de las sirenas de las ambulancias los despertaban.

En el recorrido, Cristian se tropezó con un amigo que trabaja como portero. Le comentó de lo que estaba buscando y éste de inmediato llamó por teléfono a un contacto, quien le pidió Bs. 200 mil en efectivo, para conseguirle el crómico, cuando su precio en farmacias no pasa de los Bs. 70 mil, el problema es que está escaso. Cristian no aceptó porque no contaba con el papel moneda y siguió caminando.

Luego se encontró con un amigo pediatra, quien no dudó en ayudarlo y se trasladaron a otra de las áreas del recinto, donde lograron conseguir la sutura, pero número 2.0. El doctor le dijo que un buen cirujano trabaja con el número que sea, la diferencia es que el 1, es más efectivo dijo.

Cristian ingresó al área de partos, donde en una cama reposaba Ingrid, pero no era la típica cama donde estaba acostumbrada a dormir. Era una cama más estrecha. Nuevamente los médicos dijeron que el crómico número 2.0 tampoco les servía.

Alrededor de la 1:20 de la tarde del jueves 8 de febrero, Adriana, una amiga de Ingrid, la llamó por teléfono y le indicó que tenía el crómico número 1. Alivio sintieron todos los que ese día acompañaban a Ingrid, pero todo al poco tiempo se tornó peor.

Los médicos le comunicaron a la paciente y a sus familiares y conocidos, que la cesárea quedó programada para la mañana del día viernes 9 de febrero. Argumentaron que más de 30 mujeres estaban en la espera y que debía esperar su turno.

En la sala de espera, los familiares del resto de las féminas hacían “trueque”, con los insumos que les estaban pidiendo. Querían salir de ese hospital urgentemente. Lo que estaban viviendo lo definieron como un verdadero infierno.

Así pasó esa tarde, mientras Cristian regresó a su casa, la mamá de Ingrid fue quien la acompañó durante todas esas horas que para ellas fueron eternas.

Llegó la mañana del viernes 9 de febrero, a Ingrid la llevaron al quirófano para realizarle la operación quirúrgica y a las 8:20 am se hizo escuchar el primer llanto de Amanda. Tal parece que la cesárea resultó ser todo un éxito.

A las horas, ingresaron a Ingrid al área de Ginecoobstetricía y junto a ella a su pequeña criatura. Sanita, indicó la especialista que había nacido la niña, pero que no estaba de más que le hicieran un examen de hematología completa a ambas, para comprobar que todo estuviese bien.

La mañana del sábado 11 de febrero, se suponía que le darían de alta a la paciente, pero ante unos exámenes faltantes, una enfermera manifestó que debía permanecer en el recinto hasta el miércoles 14 de febrero, debido a que un médico tenía que hacerle un último chequeo, pero que el mismo regresaba a los cuatro días porque estaba libre el fin de semana y aparte no laboraría el lunes y martes de Carnaval.

Por su parte, otra enfermera indicó que todas las mujeres que le hicieron cesárea si querían irse a sus casas era su decisión, pero todo lo que pasara sería bajo su responsabilidad.

Todas las mujeres al escuchar esto, no dudaron en firmar el acuerdo y antes de la media hora ya los cuartos quedaron vacíos.

Ingrid fue una de ellas. No quería pasar un día más en el hospital, ni mucho menos en la habitación que le tocó. Pues, el baño no contaba con el vital líquido y tampoco con luz, por lo que se veía obligada a alumbrar con velas y la linterna del teléfono.

Con su bebé en brazos, abandonó el centro de salud a las 2:10 de la tarde del sábado 10 de febrero. Antes de abordar el carro que la esperaba, miró todo el hospital y dijo: “Eres muy grande, pero lastimosamente estás en condiciones deplorables. Estás en terapia intensiva, ojalá no te dejen morir y que tu recuperación sea pronta”.

RugsUSA WW

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