Inicio Opinión Dualidad de poderes: Un perverso juego político

Dualidad de poderes: Un perverso juego político

Debemos rescatar la confianza en el voto como derecho e instrumento político del electorado para que se produzca un cambio de gobierno en Venezuela en buena lid.

115
0
Compartir
Johel Orta Moros, presidente de la plataforma Vía Electoral.

El año 2020 arranca abruptamente con un panorama político de complejidad superior a la de 2019.

De acuerdo con el Reglamento de Interior y Debate, las sesiones de la Asamblea Nacional, se iniciaron el pasado 05 de enero para el período 2020 – 2021, y por infortunio, se desarrolló de manera irregular, producto de la sistemática conflictividad partidista, aunado a la intervención desmedida de los cuerpos de seguridad del Estado.

Es preocupante, lamentable y hasta vergonzoso que en vez de propiciarse acuerdos para superar la aguda debacle institucional del país, un sector de la clase política siga empeñado en aupar la polarización para evitar la reconciliación entre los venezolanos.

La Asamblea Nacional es el foro político más importante del país y sus diputados tienen el deber constitucional y moral de dirimir razonablemente sus diferencias ideológicas. Nuestra nación demanda a gritos, unidad y entendimiento. Ya basta de la absurda teoría de que cohabiten en Venezuela dos poderes ejecutivos, dos poderes legislativos y dos poderes judiciales; y como guinda del pastel, se pretenda impulsar la existencia de dos poderes electorales, tal como lo reflejan ciertos anuncios del bloque radical de oposición, según los cuales, sus integrantes nombrarán un CNE.

Los hechos acaecidos demuestran que ninguna de las fracciones políticas representadas en el parlamento, cuenta con los dos tercios exigidos por la norma legislativa, para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral.

Tal situación ha obligado al Tribunal Supremo de Justicia a convocar a ambas directivas para que consignen las pruebas y demuestren que obtuvieron efectivamente el quorum reglamentario. A través de este procedimiento, se sabrá cuál de ellas está realmente facultada para liderar el período legislativo que recién comienza y, más importante aún, la AN podrá deslastrarse de la odiosa figura del desacato con el fin de dar los primeros pasos en torno a la reinstitucionalización que necesita con carácter de urgencia el Estado venezolano.

No obstante y de acuerdo con lo expresado por parte de los miembros de la bancada que respaldan al diputado Juan Guaidó, sabemos que no acudirán al máximo tribunal de justicia por considerarlo un órgano ilegítimo, debido a que sus magistrados fueron designados por una Asamblea Nacional Constituyente, de dudosa procedencia. Con esta dinámica de acontecimientos, es más que obvio que el TSJ decidirá que la directiva encabezada por el diputado Luis Parra fue la que resultó electa legítimamente para conducir el destino de la AN por un año.

Pero la historia no termina allí. Luego de la designación de la nueva directiva del parlamento venezolano, los sectores radicales de oposición, siguen insistiendo en la petición de nuevas sanciones económicas contra Venezuela, así como en la injerencia foránea.

Ningún gobierno extranjero avalará la bochornosa propuesta de un reducido grupo parlamentario que se desmarcó incluso de la línea política de su propio partido. En Venezuela tenemos derecho a expresarnos libremente como ciudadanos y agentes políticos, sin temer a nuevas sanciones de los Estados Unidos u otros países.

Cierta dirigencia política no ha entendido todavía que el 80% de la oposición exige un cambio pacífico y democrático que nos permita reconciliarnos y convivir sanamente; en caso contrario, la ingobernabilidad sería absoluta y más peligrosa en una próxima administración.

En medio de una gigantesca crisis política, económica y social, al venezolano no le importa quién preside la AN. Su energía y concentración están puestas en la sobrevivencia diaria, porque no cuenta con los servicios básicos de agua, electricidad y gas; y con un pírrico salario, hace maromas para conseguir alimentos, medicamentos y atención médica para su grupo familiar, así como dinero en efectivo para acudir al trabajo y mandar a sus hijos al colegio, sorteando la aguda escasez de transporte y la inseguridad.

Por encima de los egos y las apetencias personales debe estar la salvación de nuestra Venezuela. Lo vital e inmediato, tal como se ha reiterado en la Mesa de Dialogo Nacional, es la designación de las nuevas autoridades del Consejo Nacional Electoral.

Ante la imposibilidad de lograr el quorum necesario para nombrar los integrantes del árbitro electoral, procede la omisión legislativa; y el TSJ, guste o no, es la instancia que debe asumir esa facultad. Recordemos que entre sus atribuciones está la de emitir un dictamen cuando las diferencias insalvables entre los diputados de la AN, les impiden cumplir con su cometido constitucional.

En los próximos días se le solicitará al Tribunal Supremo de Justicia que se aboque a estudiar la omisión legislativa, en aras que pueda nombrarse un nuevo Consejo Nacional Electoral, equilibrado y balanceado, con el estricto requisito de que los hombres y mujeres que lo conformen, le garanticen a la ciudadanía, transparencia e integridad para los venideros procesos electorales, en todas y cada una de sus fases.

Debemos rescatar la confianza en el voto como derecho e instrumento político del electorado para que se produzca un cambio de gobierno en Venezuela en buena lid.

Para el último trimestre de este año, el nuevo CNE estará en la obligación de convocar los comicios parlamentarios, los cuales deben acompañarse de un estatuto electoral que garantice la representación proporcional de las minorías políticas en el hemiciclo legislativo. De materializarse, tendremos en el año 2021 una Asamblea Nacional variopinta que frenará la indeseada polarización y sus perniciosos efectos para la sociedad venezolana.

Nuestra república reclama mucho diálogo de altura y acuerdos políticos para despejar el camino de tantos obstáculos, de manera de activar para el próximo año el referendo revocatorio, cuyos resultados podrían arrojar la inmediata celebración de elecciones presidenciales en 2022, tal como lo establece la Constitucional Nacional.

Es inaceptable y contraproducente atizar las ansias de un grupo minúsculo de la oposición venezolana, encaprichado en monopolizar los espacios políticos de la vida nacional para trancar el juego democrático con su errado lema del todo o nada.

 

RugsUSA WW

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here