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Dontancredismo

Existen instantes en que el idioma es exiguo. Conozco lo limitado del lenguaje.

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Rajoy y Puigdemont son España. Pero también hay otra, la de Cervantes, García Lorca, Clara Campoamor y tantos más. A propósito de lo ocurrido en Cataluña un periodista español me condujo al diccionario al leer la palabra “don-tan-cre-dis-mo”. Nada encontré en el libro de consulta. Lo resolvió Google. Así nace esta reflexión que deseo compartir con ustedes.

El autor del reportaje calificó a Rajoy y a Puigdemont de “don-tan-cre-dis-tas”. El término tiene su origen largo y complicado. El significado va más allá de la simple anécdota, posee sabiduría, atractivo e innegable carga filosófico- popular.

Existen instantes en que el idioma es exiguo. Conozco lo limitado del lenguaje. Lo aprendí con Vallejo. El poeta peruano no tuvo la abundancia de Neruda. Pablo construyó su mundo con palabras. Nunca le faltaron, las tuvo a mano y era un mago para colocarlas. A Vallejo, por el contrario, siempre le faltaron. Para él era pequeño el diccionario e incompleta la lengua.

César Abraham Vallejo Mendoza fue uno de los grandes innovadores de la poesía del siglo XX. En 1922 escribió TRILCE, libro que por su audacia y lexicografía es esencial a la poesía. Vallejo era un hombre “triste profundamente alegre” y no encontraba vocablo para expresar esta idea. Creó entonces la palabra “TRILCE” que comienza con la primera sílaba del vocablo “triste” y la última de la palabra “dulce”.

Pero, volvamos a Rajoy y a Puigdemont y al “don-tan-cre-dis-mo”. Esta locución significa: “actitud imperturbable de quien no se da cuenta de un peligro inminente que se le viene encima” ¿Qué de dónde viene el término? De un tal Tancredo López, torero sin suerte, quien decidió detenerse frente al toro, esperando que el animal lo ignorara y así hacer ver su coraje. La cosa funcionó y el “dontancredismo” pasó a ser valentía y una forma de torear.

Alguien sin nada que perder se colocó en un pedestal y frente al animal simuló ser estatua. También resultó, pero muchas veces la audacia terminó en cornada. El vocablo aplica: “a quien no reacciona con sentido común ante un peligro inminente y las circunstancias lo arrollan”. La palabra no es buena ni mala, depende del uso que queramos darle, calza a la oposición venezolana, a Rajoy, a Puigdemont y a muchos otros.

RugsUSA WW

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