Inicio Opinión Deontología profesional

Deontología profesional

Podemos adentrarnos en el mundo con pasos firmes con nuestros programas e ilusiones por lo que estas orientaciones mesuradas.

52
0
Compartir
Antonio-Pedro Tejera Reyes.

Corría el año 2002, cuando publicáramos este artículo, más tarde incluido en nuestro libro SOCIOLOGÍA ROTARIA II.

La oportunidad hoy, año 2020, de incidir en las reflexiones siguientes, nos hacen volver sobre el mismo tema, sin quitarle ni ponerle una sola coma.  Se entiende todo.

Interesante e instructivo ocuparnos hoy nuevamente de este importante tema en el mundo del turismo – y en cualquier otra profesión también – cuando la realidad cotidiana parece haber dado la espalda, si no definitivamente, digamos con carácter “temporal”, a muchos de nuestros principios éticos y morales, es decir deontológicos, para entendernos mejor.

“El galardón de las buenas obras es haberlas hecho” (Séneca)

Interesante e instructivo ocuparnos hoy nuevamente de este importante tema en el mundo del turismo – y en cualquier otra profesión también – cuando la realidad cotidiana parece haber dado la espalda, si no definitivamente, digamos con carácter “temporal”, a muchos de nuestros principios éticos y morales, es decir deontológicos, para entendernos mejor.

Viene este nuevo comentario nuestro sobre el tema, a propósito del envío que nos hace nuestro colaborador y profesor costarricense, José Retana, de la Universidad para La Paz, sobre un reportaje publicado recientemente en la revista de El País Semanal, dedicado al magnate Reinhard Mohn, al cumplir este sus ochenta años de vida.

Este ilustre alemán, que fue prisionero en EE.UU. durante la segunda guerra mundial, y que ha levantado uno de los imperios más grandes del planeta en la comunicación social, nació de un origen modesto y es hoy presidente de la Fundación Bertelsmam poderosa empresa multinacional que en España solamente, agrupa a varias editoriales como Plaza & Janés o el Círculo de Lectores, por señalar dos conocidísimos ejemplos.

En el largo trabajo que publicaba la citada revista dominical, original de Margarita Riviere, Mohn enfatizaba: “Lo que importa es la gente, no el dinero”.

“El reto del futuro es crear una nueva conciencia cívica: tenemos la responsabilidad de encontrarla entre las personas y la comunidad. El capital es el resultado de una forma de actuar en colaboración, de innovar, no tiene sentido por sí mismo. Los empresarios de verdad son gentes de ideas… Lo único que lamento es tener poco tiempo para pensar.”

Estas, y muchas entrecortadas y largas frases, son una auténtica lección necesaria hoy más que nunca para el mundo actual, que tenemos el deber de analizar y puntualizar para nuestra juventud en los foros académicos, para inculcar el deseo de la información, la participación y el debate constructivo, como una fórmula de vida en la consecución de un mundo mejor más justo, y más razonablemente consciente de sus derechos y deberes. Debemos ser felices sabiendo que lo que hacemos sirve para el interés común.

“Es un error hacer lo que hace todo el mundo. El secreto del éxito está en los valores que defendemos: el dinero no lo es todo. Las empresas existen para servir a la gente. Creemos que el principal valor es el servicio a la comunidad. Estoy seguro de que las cosas se podrían hacer mejor si se fuera más competente y se introdujeran otras formas de pulsar la realidad. El inmovilismo es algo que me deja atónito. Este es también el gran problema de la educación, en las escuelas, en las universidades, todo el mundo se queja, pero nadie se pone a pensar en lo que verdaderamente importa.” Reflexiones de Reinhard Mohn, válidas en todos los sentidos, y aplicables en todo este gran entramado de la sociedad en que vivimos.

Podemos adentrarnos en el mundo con pasos firmes con nuestros programas e ilusiones por lo que estas orientaciones mesuradas, de hombres que tienen sobrada experiencia y acreditados conocimientos empresariales, deberían ser puntos de meditación para aquellos que están en posiciones de decidir el futuro.

No debemos caer en lo que ha sido siempre el estigma de nuestras generaciones: intentar imponer nuestras costumbres, nuestras culturas, nuestros modos de vida, en otros países, a otros mundos, a otros semejantes de distintos hábitos y pensamientos. Habría que intentar una auténtica obra de ingeniería social, algo que ha faltado y que seguirá faltando, mientras no se construya un programa serio, sobre unas verdaderas bases deontológicas.

Servir es mi ocupación.

 

RugsUSA WW

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here