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Crónica: Minutos de pánico

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Carmen Palacios tenía un presentimiento cuando salió de su casa, por eso dejó cargando su celular en la mesita de noche de su habitación.

No era algo habitual en ella, pero como iba con su familia decidió apagar el aparato y llevarse uno viejo, un teléfono que compró hace siete años y tiene las teclas desgastadas de tanto marcar.

La mañana no estaba fresca, el sol a las 7:00 brillaba con intensidad y los hizo sudar mientras caminaban dos cuadras hacia la entrada de la urbanizaicón Juana La Avanzadora, en plena Zona Industrial de Maturín.

Unos 15 pasajeros esperaban por un autobús en la parada, pasaron 10 minutos y en el horizonte se divisó una trompa blanca con algo de azul en la parte superior.

En otros cinco minutos la unidad se estacionó frente a ellos y todos subieron; Carmen logró sentarse, al igual que sus dos hijos y su esposo, quien ha sido víctima del hampa en tres oportunidades este año.

La planificación del día se vio interrumpida cuando el autobús de la ruta 36 se detuvo a menos de un kilómetro de la parada anterior. Dos jóvenes llamaron la atención no solo por la vestimenta de marca que portaban de pies a cabeza, sino por lo atractivos que se veían: blancos, delgados, cabello y ojos claros y mentón perfilado, y sobre la camisa de uno se notaban los músculos.

Ni Carmen ni los otros 20 pasajeros pensaron que eran delincuentes. De hecho, ella le dijo a uno de ellos que detrás de su asiento había dos disponibles y que podían sentarse.

“Esto es un quieto, celulares en mano que esto es un atraco”, lanzó uno de ellos mientras el más fornido sacaba una pistola para amenazarlos. El hijo menor de Carmen, una peluquera que trabaja a domicilio, se metió entre sus costillas y comenzó a llorar asustado.

Era la primera vez que veía un arma de fuego y la furia en una persona. “Dale el teléfono mamita”, le repetía entre lágrimas a forma de buscar una salvación.

Carmen le hizo caso. Cuando extendió su mano derecha para sacar el celular de su bolsillo le dijo: Esto es lo único que tenemos, los otros ya nos lo robaron la semana pasada.

-“Dame acá”, respondió salvajemente el muchacho que comenzaba a ponerse nervioso al escuchar los gritos de cuatro muchachas, quienes pedían que no les hicieran nada. Una de ellas, recibió un cachazo, pues intentó esconder su celular; el asaltante que tenía la pistola se dio cuenta de la jugada de la estudiante y la regañó después de golpearla.

La agresión de los sujetos llevó a un muchacho a lanzarse por una ventanilla, la delgadez de su cuerpo le permitió entrar por el orificio en segundos; pronto, desde el autobús, el resto de los usuarios observó cómo rodaba por el pavimento y caía en el monte de la orilla.

Se raspó el rostro, las manos y se lesionó un costado.

Los pasajeros lograron ver cómo el conductor de un vehículo se detuvo y lo ayudó a ponerse de pie para después llevarlo a un centro asistencial para que recibiera atención médica.

Carmen se sintió aliviada cuando después de menos de cinco minutos los asaltantes se bajaron del autobús, cruzaron y salieron corriendo hacia un camino que comunica a la Zona Industrial con el sector San Rafael, la vía de escape de todos los delincuentes que abordan los buses todas las mañanas para atracar a los choferes, colectores y usuarios.

Algo habitual

Los robos a las unidades de transporte público son de vieja data en la zona oeste del municipio Maturín. La ruta 36 ha sido una de las más atacadas, aunque las rutas 6 y 20, que van hacia el sur y la parroquia Los Godos, también son blanco de la delincuencia.

En este sector de Maturín, los vecinos suelen ver cómo los atracadores arrojan a mitad de la carretera las carteras de las mujeres después que sacan los objetos de valor; incluso los bolsos escolares también son lanzados.

Carmen Palacios recuerda que en julio también la robaron cuando iba desde su casa hacia el centro; fue la misma modalidad. Esa vez, además del celular que le había regalado su esposo por su cumpleaños, se llevaron sus documentos personales.

Tenía también 30.000 bolívares en efectivo para comprar algunas cosas después de atender a una clienta. El robo de la semana pasada fue el sexto al que se enfrenta este año.

Expuso que antes de las elecciones de octubre, instalaron un punto de control que ayudó a disminuir los índices delictivos, pero pasada una semana los funcionarios se retiraron, abriendo paso a los atracos.

Los delincuentes tienen un horario para asaltar: Entre las 6:30 de la mañana y las 7:00 de la mañana, descansan dos horas para regresar de 9:00 a 11:00 de la mañana. Los afectados son residentes de siete urbanismos en esta zona.

Calculan que a la semana puedan ocurrir cinco atracos en autobuses, en promedio 20 al mes; sin contar los asaltos perpetrados a los vendedores de comida rápida, que han tenido que modificar su horario de trabajo para resguardarse del hampa. A pesar de haber solicitado más patrullaje policial, no han obtenido respuestas.

RugsUSA WW

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