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Crónica: El Matanovias que coleccionaba mechones

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José Humberto Martínez Cortés, el Matanovias, estranguló al menos a dos de sus novias y se llevó de trofeo mechones de su cabello, pero no era lo único que colecciona este sujeto, que tenía extraños perfiles en Facebook llenos de imágenes eróticas protagonizadas por demonios y mujeres.

La semana pasada fue capturado en Guatemala -debajo de un puente en el que vivía como indigente- uno de los asesinos seriales más buscados de los últimos años en México: José Humberto Martínez Cortés, alías el Matanovias, quien había asesinado al menos a dos de sus compañeras sentimentales y estaba prófugo de la justicia desde hacía casi un año.

El Matanovias asesinó con el mismo modus operandi a dos de sus parejas y una tercera se salvó milagrosamente de este sujeto que llevaba una doble vida en Facebook, donde exhibía múltiples personalidades en dos perfiles llenos de extraños posteos sexuales de mujeres con demonios y hasta de satanismo.

Joy Drago, Joy Agoten o José Humberto Martínez Cortés es un hombre de más de 30 años, con el cuerpo lleno de tatuajes que contaba diversos relatos de sí mismo en las redes sociales, que iban desde un emprendedor bartender o un amoroso dandy elegantemente trajeado junto a una de sus víctimas, hasta un bohemio de sombrerito, piernicruzado tomando delicadamente un cigarrillo, o un rudo trabajador con una sucia braga. Eran tantos los contrastes, tantos los personajes dentro del mismo cuerpo que asesinó al menos a dos mujeres.

La primera vez que cayó preso fue en 2010, por robo calificado y fue sentenciado a cuatro años de prisión que cumplió en libertad bajo caución. Ya se gestaba el asesino serial, porque poco después tuvo lugar su primer ataque.

Las víctimas

El primer caso que se conoce hasta ahora de el Matanovias tuvo lugar poco después de cumplir su sentencia, en el año 2011, cuando atacó a su pareja sentimental de por entonces, identificada como Adriana Ramos, a quien golpeó, arrastró por una escalera y estuvo a punto de asesinar, pero ella logró escapar.

“Me fracturó la nariz, me dio un cabezazo, me subió arrastrando todas las escaleras, ya adentro me empezó a golpear. Abrió las llaves del gas y me dijo que entonces  ahí nos íbamos a morir los dos. Me tenía agarrada del cuello en el piso, yo ya no podía moverme, porque además ponía sus rodillas en mis brazos, me inmovilizó totalmente…Yo pensé que ya no iba a poder librarla, entonces encontré un mazo por ahí y me empecé a defender”, relató Ramos al portal Sipse.com de México.

Durante años se mantuvo escondida y con miedo a que su ex la encontrara.

El segundo caso, su primera víctima fatal, ocurrió en septiembre de 2014, cuando asesinó a su novia Yan Kyung Jun Borrego, con quien había mantenido una relación intermitente a  lo largo de tres años, hasta que ese 21 de septiembre la asesinó e intentó hacer creer que era un suicidio.

Se habían conocido en un local de la zona bohemia de Condesa- Roma, en la capital mexicana, donde él trabajaba como bartender y habían tenido una relación con idas y venidas hasta que se mudaron juntos, apenas dos semanas antes de que la asesinara.

El cuerpo de la joven mujer apareció colgado de una bufanda en su departamento de la colonia Doctores, de Ciudad de México. Fue él quien reportó el hallazgo, qué conveniente.

A pesar de que había montado toda una escena para hacer creíble el suicidio de la mujer descendiente de asiáticos había muchos cabos sueltos, entre ellos que el cuerpo presentaba múltiples golpes en las piernas y algo muy llamativo: le habían cortado un mechón de cabello. Pero inexplicablemente no fue detenido.

La tercera víctima conocida hasta ahora de el Matanovias fue una joven identificada como Campira Elisandra, cuyo cadáver fue hallado por su hermano el 31 de diciembre de 2016, dentro de un apartamento en el que la llave del gas estaba abierta para simular un suicidio.

La familia dudó de esta hipótesis desde el primer momento, por algunos detalles que no encajaban como rastros de sangre, escoriaciones en la mandíbula de la joven y varios moretones en su cuerpo, y sobre todo porque le faltaba un mechón de cabello.

La autopsia reveló que Campira había muerto de asfixia por estrangulamiento y no por el gas y todas las sospechas recayeron sobre su novio, con el que tenía poco tiempo, sobre todo porque una cámara de seguridad de una casa cercana lo registraba como el último en salir del escenario del crimen.

Al enterarse de que su ex había asesinado a dos de sus novias, Adriana Ramos dejó el mutismo por miedo y se reunió con familiares de las víctimas y determinaron algunos rasgos psicopáticos comunes que les había mostrado el Matanovias.

Revelador Facebook

“Yo tenía el cabello largo y un día me lo cortó, guardó un poco, guardaba muchas cosas, pedacitos de tela, pedacitos de tenis, yo nunca supe porque guardaba esas cosas”, relató Ramos, lo que permitió a la policía establecer un patrón de conducta junto a la abundante información que recopilaron de sus distintos perfiles de redes sociales.

Estrecharon el cerco, pero el asesino huyó, por lo que se activó una alerta roja internacional por Interpol, en la que se destacaba como rasgo distintivo el enorme corazón rojo, roto, que tenía tatuado en el cuello.

La investigación en sus redes sociales reveló que tenía una afición por las calaveras, cementerios e imágenes sexuales que involucraran a mujeres con demonios.

En una de sus biografías en el Facebook, con más de 2700 seguidores, se identifica como Joy Drago, “un hombre viudo, que vive en la Ciudad de México”.

En este perfil además de las fotos de demonios y calaveras hace gala de sus tatuajes, sobre todo del corazón rojo que tiene en el cuello y la frase “Cada quien es dueño de su propio infierno” en el pecho.

Abundan las fotos con mujeres, sobre todo de sus novias-víctimas y hasta mensajes dedicados a ellas como reseña Excelsior: “En octubre del 2016, el matanovias registró una visita en la Funeraria Gayosso, y unos días después posteó el retrato de una joven en una ofrenda por el Día de Muertos en la que menciona “Yang jb descansa amor!”.

Durante su huida deambuló por varios lugares, entre ellos la Riviera Maya, desde donde posteó fotos sobre lo bien que lo estaba pasando.

Se especula que estuvo en otros lugares antes de ocultarse en Guatemala, donde vivía como indigente debajo de un puente y comía desperdicios y se drogaba con pegamento hasta que en un chequeo rutinario las autoridades policiales de ese país le pidieron su identificación y al no tenerla cotejaron sus huellas en el sistema y apareció la alerta roja de Interpol, que pesaba sobre él desde hacía diez meses.

A mediados de la semana pasada el Matanovias fue extraditado a México, donde deberá pagar por sus crímenes.

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