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Crónica: La última tonada

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Se abrían paso entre la multitud. Él tomó la mano de su acompañante y le dio una sacudida para incorporarla al baile; ella se sostuvo a los hombros de aquel hombre, que como parte de su vestimenta llevaba una camisa a cuadros rojos y blancos, con un sombrero de igual color.

El zapateo era tan fuerte como el sonido de las cuerdas y la voz de una mujer para nada alta, quien cantaba delante de tres músicos. La danza de la pareja era admirada en silencio.

Era lo único que podían hacer después de todo: admirar el folklore. De vez en cuando, una lágrima se escapaba y corría sobre los rostros de quienes en alguna oportunidad vieron a Saúl Silva en tarima.

Pronto, el bailarín cambió de pareja y una muchacha lo acompañó. Giraban tan rápido, que por momentos parecía que iban a tropezar con alguno de los espectadores.

Era el homenaje que se merecía Saúl, un joven amante de la música venezolana, a quien una bala le quitó la vida la noche del pasado 15 de octubre.

Sus restos reposaron por dos días en una capilla, donde fue acompañado por cientos de personas consternadas por el fallecimiento del muchacho, padre de tres niños: 6, 5 y 3 años.

Sus compañeros quisieron montarle una tarima, pero no pudieron hacerlo porque las normas de la funeraria no lo permitían.

Lo que sí lograron fue instalar un toldo para que desde allí el arpa, el cuatro y las maracas, sonaran por última vez para Saúl.

El sepelio fue acompañado por grandes artistas venezolanos, El Deltanito de Oro, Rito Tocuyo e Isnardo Goitía, estaban entre los cantantes que se hicieron presentes para despedir a quien consideraban un gran amigo.

José «El Sapo» Ledezma mencionó, un poco consternado, que cuando un folklorista parte, el homenaje dura varios días. El de Saúl duró dos.



Carrera truncada

Destacado arpista

Saúl Silva comenzó a tocar arpa y maracas desde temprana edad. A los 10 años se interesó por la música y fue así como tomó sus primeras sonajas.

Su inclinación por la música venezolana crecía con el paso de los años y fue así como decidió participar en eventos nacionales, animados por su padre Jesús Hernández.

Ledezma recuerda que Silva hace poco participó en el Festival El Silbón de Oro, que se realiza en el estado Portuguesa con participación de artistas venezolanos y colombianos.

En ese evento, el monaguense se alzó con el segundo lugar dejando impresionados no solo al jurado sino a los asistentes, quienes lo aplaudieron hasta más no poder por su talento. No era la primera vez que participaba en ese festival y su constancia lo premió.

A Jhonny Aníbal (26) se le acusa de la muerte de Silva y de que su música no suene más. Según la cuenta en Twitter del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Aníbal fue detenido por el homicidio del joven momentos antes de que tocara en una fiesta, que se celebraba en la población de La Hormiga, parroquia La Pica, ubicada al este del municipio Maturín.

El eje de homicidios del Cicpc lo reseña como el responsable de su muerte y resalta que el crimen fue perpetrado con una pistola Pietro Beretta, calibre 9 milímetros.

Cuando Aníbal, presuntamente, accionó su arma de reglamento estaba bajo los efectos del alcohol, según recuerdan los testigos del hecho. Iban a ser las 8:00 de la noche cuando el sonido del arma interrumpió la celebración.


Lo ocurrido

El grupo se preparaba para amenizar la noche. Saúl había salido de su casa y solo haría ese toque para regresar; lo llamaron para tocar en una casa donde estaban celebrando el triunfo de la gobernadora reelecta, Yelitza Santaella.

Testigos explicaron a la familia del joven que el funcionario policial hacía alarde de la pistola con los asistentes y en ocasiones simulaba llamadas para hablar sobre los resultados electorales.

Paseaba el arma frente a todos y en una de esas, la accionó. Un proyectil alcanzó a Saúl, quien cayó malherido sobre los brazos de un compañero.

En medio del desespero, lo subieron a un auto y lo llevaron hasta el Hospital Manuel Núñez Tovar, donde falleció minutos después, cuando era intervenido quirúrgicamente.

Si hay algo que «El Sapo» Ledezma recuerda de Saúl es la sonrisa con que enfrentaba los días. Era una persona ejemplar, muy pocas veces se le veía molesto.

Asegura que las más de 700 personas que asistieron a su homenaje lo hicieron porque este monaguense tenía trayectoria musical. «Siempre dejó el nombre de nuestro estado en alto, su pérdida es irreparable», reflexiona después de salir del entierro.

Hoy, solo piden justicia. Esperan que los cuerpos de seguridad se encarguen de dictar sentencia a Aníbal para que su muerte no quede impune.

Familiares exigen justicia por el homicidio del músico

De hecho, un grupo de folkloristas tomó de forma pacífica la sede del Circuito Judicial Penal del estado Monagas para exigir a las autoridades no dejar pasar por alto este caso.

 

 

RugsUSA WW

1 Comentario

  1. Caramba ñero se oscurecieron los días en monagas!!!!!!!!!! y en el cielo brilla el sonido del Arpa sonora en las manos del Joven eterno e inquieto por dar ritmo una musa recia llanera… ARPA SAUL…….

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