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Crónica: Cuando la ley mata

En el asesinato de Jockxander Betancourt (21) está implicado un funcionario de Polimonagas, quien no ha sido detenido por la justicia, afirma la familia

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Era de noche y Jockxander escuchaba música en el frente de su casa, en el sector La Pradera de La Constituyente, perteneciente a la parroquia Las Cocuizas de Maturín.

Estaba reunido con unos vecinos, con quienes conversaba trivialidades.

Antes de que oscureciera, el joven, de 21 años, tuvo un día agitado. Estuvo en el centro de capacitación de Fe y Alegría, donde realizaba un curso de construcción civil, una actividad que combinaba con su trabajo diario.

El 4 de noviembre, Jockxander Betancourt también visitó a su hija, una infante de apenas dos meses de nacida.

Eso no fue lo único que hizo; después de descansar un poco, el muchacho salió a visitar a unos amigos. Allí permaneció un rato y luego regresó de nuevo a su casa, donde durmió un par de horas en el mueble de la sala.

Jockxander era un joven tranquilo, en la comunidad donde vivía era querido por ser un muchacho colaborador, responsable y sin malas mañas, de hecho recogieron firmas luego de su homicidio para dejar constancia de que nunca anduvo en malos pasos y que cualquier mala palabra que se pronuncie sobre él es inventada.

Un total de 180 rúbricas reposan en la Defensoría Delegada del Pueblo del estado Monagas para dejar constancia del buen comportamiento de Jockxander, una cantidad similar las tienen guardadas para ser presentadas en el momento en que se haga un juicio.

Momentos previos

Serían las 8:00 de la noche cuando el veinteañero junto con un grupo de amigos fueron alertados; un alboroto desvió la atención de la conversación; eran más de 10 personas las que pasaron “en cambote” frente a ellos, murmurando varias cosas, entre ellas que el grupo iba a exigir justicia por algo.

Quienes caminaban de forma apresurada eran los familiares, los vecinos y los amigos de una muchacha, quien denunció ser víctima de una violación. La rabia de sus allegados estaba en que la joven sabía quién era el agresor y por ello salieron a ajustar cuentas.

Según comentan en el sector, la joven estaba parada en la acera y de allí fue sacada a la fuerza por un hombre, quien la subió al vehículo y se la llevó hasta una zona oscura, alejada de la comunidad, para ultrajarla. Al cabo de un tiempo, la víctima fue regresada y ella, llena de rabia, odio y dolor, contó todo lo sucedido a su familia.

Los allegados no dudaron ni un segundo en salir a tomar venganza. En los alrededores de La Constituyente antes se había rumorado sobre las malas acciones del acusado.

El paso apurado y las malas palabras que se escapaban de la boca de algunos hizo que Jockxander se acercara hasta el equipo de sonido para bajarle volumen y preguntar a un conocido sobre lo que ocurría.

Esa persona le explicó y fue así como a la vuelta de unos minutos, él decidió guardar el aparato de sonido para ir hasta el lugar donde se concentraba la gente exigiendo justicia para la jovencita.

Caminó rápido, dando zancadas. Tras pasar dos cuadras, divisó el cúmulo de personas enardecidas llamando al supuesto culpable del ultraje; lo que veían sus ojos era un gentío gritando para que el sujeto saliera.

Villa Esmeralda se convirtió en una escena de miedo y asombro para los habitantes, que con asombro miraban desde sus ventanas a la gente enfurecida.

El implicado, según refiere Yaninet Betancourt, su hermana; es un funcionario de la Policía del estado Monagas, a quien los vecinos del sector La Constituyente y comunidades vecinas han implicado en otros hechos irregulares.

El homicidio

La aglomeración de personas enfureció al supuesto funcionario, a quien no le gustó ver tantos hombres y mujeres concentrados frente a su residencia, reclamando por algo que les aseguró no había cometido.

Se sintió valiente desenfundando su arma y comenzó a disparar a diestra y siniestra contra los presentes, quienes corrieron de un lado a otro para resguardarse de las balas. Jockxander también intentó hacerlo, pero no logró juntarse con los demás para huir de la ira de aquel sujeto.

El hombre subió a un vehículo y huyó a toda prisa, casi arrollando a los que iban apresurados a esconderse.

En cuestión de segundos todo se calmó. Llegaron comisiones policiales y hasta bomberiles. Al hacer una revisión de la zona, encontraron un joven tirado en la calle con el rostro pálido: Tenía un balazo en la cabeza.

Entre la gente aglomera había un conocido de Betancourt, quien al reconocerlo fue a informar de lo ocurrido a su familia. No pasaron cinco minutos cuando sus dolientes se acercaron y lo vieron; ya no respiraba.

Desde que fue asesinado, los seres queridos de Jockxander Betancourt no han sabido más nada del autor material del crimen, el hombre está desaparecido; sus vecinos aseguran que no ha vuelto a pisar la casa desde aquella noche.

Sus familiares han acudido dos veces a la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) buscando respuestas, queriendo saber cómo avanzan las averiguaciones de su caso, pero lo único que han sabido es que el arma de fuego implicada en el homicidio fue recuperada.

También han sabido que deben esperar porque el caso también es manejado por el abuso sexual a la muchacha. Lo único que desean es justicia.

RugsUSA WW

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