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Crónica | Crimen por celos

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Foto Referencial

Cuando le dispararon a Leandro José Guzmán eran las 9:00 de la noche. El joven, de 19 años, estaba a dos casas de su vivienda y su agresor se plantó frente a él y a una jovencita con quien conversaba amenamente.

Leandro era un muchacho tranquilo, de esos que se caracterizaba por ayudar a los demás; en su hoja de vida no había una mala conducta, quizá una que otra travesura de niño, pero nada más allá que lo asociara con el mundo de la delincuencia.

“Su expediente está en blanco, era un joven sano”, afirmó algo consternado, su hermano mayor mientras esperaba la entrega del cadáver en las afueras de la morgue del Hospital Universitario “Dr. Manuel Núñez Tovar”, que estaba repleta de deudos, quienes también esperaban la entrega de un cuerpo.

Y es que en la morgue había otros cuatro cadáveres a la espera de ser sacados. Uno de esos, era el de un bebé que falleció la tarde del martes en la zona sur del estado Monagas.

La familia de Leandro quiso contar su historia para dejar en claro que era un buen muchacho. Recién comenzaba sus estudios superiores. Hace seis meses ingresó a la Universidad de Oriente (UDO), donde terminaba el primer semestre de Administración de Empresas.

Vivía en el sector uno de Sabana Grande, parroquia Las Cocuizas de Maturín, hacia la zona este. Guzmán combinaba su formación académica con el trabajo, y además tenía varios meses laborando en una agencia de loterías.

Como a la mayoría de los muchachos, le gustaba el fútbol; cuando tenía tiempo salía con sus vecinos y amigos a jugar una “caimanera” en las calles de esta populosa comunidad, que está consternada por la forma en cómo le arrebataron la vida, el 21 de noviembre.

 

El asesinato

Leandro salió de su casa diciendo que iba a conversar con una amiga. Tras caminar algunos pasos se consiguió con la jovencita, quien pasó varias horas rindiendo declaraciones en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), después del crimen.

Ambos sonreían como lo hacen los buenos amigos cuando recuerdan gratos momentos… No tenían una relación, solo eran eso, buenos amigos que se contaban sus cosas, planes y proyectos de vida.

Las noches en Sabana Grande a veces tranquilas, de hecho sus habitantes afirman que cuando ocurre un hecho violento es porque hay un delincuente de otra comunidad que va hacia esa zona para amedrentarlos. “La gente no se roba entre ella misma”, dice segura una amiga.

Eso fue lo que pasó con Leandro, su agresor no es de ese sector. “Allí nuestra misma gente no se mete con uno, ese era un chamo tranquilo, nadie se metía con él”, insistió otro amigo, mientras se recostaba en una buseta azul.

La moto interrumpió la conversación; sobre ésta iban dos sujetos, uno de ellos el homicida, cuyo datos ya son manejados por los detectives del Cicpc. Al parecer, hubo un intercambio de palabras y, después, un sonido seco.

Era la detonación de un arma de fuego, que se confundió con el sonido de la aceleración de una motocicleta. Leandro cayó desplomado sobre la acera y junto a él, la muchacha lloraba desconsolada, pidiendo ayuda.

El tiro obligó a los vecinos a salir de sus residencias, entre ellos los familiares del estudiante universitario quienes sacaron un vehículo para llevarlo hasta la emergencia del ambulatorio José Antonio Serres, pues es el centro asistencial más cercano de la zona este del municipio capital. Cuando la familia llegó, pensó que se trataba de un robo, pues como afirmó en principio, el muchacho no andaba en malos pasos. Lo revisaron y tenía todas sus pertenencias.

Leandro fue cargado y subido al automóvil de su mamá, pero no aguantó. Iba agonizando y antes de llegar al ambulatorio falleció; la bala le entró por una de sus mejillas y le salió por la cabeza.

 

Homicida

Mientras presenciaba cómo su amigo era subido inconsciente al vehículo, la muchacha logró explicar quién era el agresor. Se trata de su exnovio, quien quizá por celos le disparó a Leandro solo porque conversaba con ella.

Los allegados conocieron que el victimario reside en el sector La Constituyente, también perteneciente a la parroquia Las Cocuizas.
En esa zona, el mes pasado, hubo un incidente con un funcionario de seguridad acusado de, presuntamente, abusar sexualmente de una muchacha. También es señalado del crimen de un joven, quien habría salido de su casa a curiosear cuando notó que varios vecinos reclamaban frente a la casa del funcionario.

Después que le disparó mortalmente a Leandro, el sujeto huyó. El escape se le hizo más fácil porque en la comunidad no hay patrullaje policial. Los deudos afirman que la única forma que los cuerpos de seguridad entren es porque están buscando al responsable de alguna agresión a un funcionario.

Piensan que de haber un recorrido constante por la comunidad, los policías hubiesen agarrado al asesino y este no estaría suelto.
Los familiares esperan que desde el Eje Homicidio del Cicpc se aboquen al caso del muchacho y que el criminal no quede en las calles.

RugsUSA WW

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