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Crónica: Cansados de los azotes

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Foto referencial

Caminaba apresurada y con sus dos manos sobre el pecho apretaba una bolsa, la gente pensaba que llevaba dinero.

El sol era inclemente con ella, en realidad con los pocos que caminaban a las 9:00 de la mañana hacia la avenida Orinoco, donde los árboles que quedan ya no brindan la misma sombra que antes.

Apuró más el paso cuando sintió que alguien la seguía. Además de los latidos de su corazón que cada vez eran más rápidos, la joven escuchó cuando con una voz gruesa le dijo: ¡Párate allí!

No supo qué hacer… Su estómago se puso helado y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Su color de piel pasó del canela al blanco cuando tres hombres la rodearon.
«Dame eso», es lo que recuerda y fue lo que repitió a los policías que minutos más tarde llegaron para llevarla al comando central de Polimonagas, al oeste de Maturín, y llevarse a uno de los tres sujetos que intentaron robarla.

Pero antes de que ella saliera sin un rasguño en su piel pero con el temor de volver a caminar por esa calle ancha, vivió una escena más atroz.

«Auxilio», logró soltar de su garganta algo temblorosa.

No eran 10 personas las que escucharon el quejido de la joven. Pero las que lo hicieron se percataron de que estaba casi envuelta por tres sujetos altos y delgados con los que luchaba para no dejarse quitar la bolsa blanca que con tanto recelo protegía.

-«Párate, párate», salió de otra voz.

-¡Agárralo!, exclamó otra.

Solo recuerda que al voltear una manada de personas corría hacia ella y sus agresores huyeron hacia el caño Orinoco. Solo uno fue alcanzado y se llevó la peor parte.
Los otros dos corrieron como una gacela perseguida por un león.


Agresión

Alí Luces no alcanzó a seguir corriendo, una turba enardecida y llena de ira se lo impidió. Pronto, su torso quedó desnudo y el rostro lleno de sangre.

Se salvó de que lo prendieran en fuego porque llegó una patrulla de la Policía municipal y después otra de la Policía estadal, poco a poco la calle se minó de funcionarios. La gente había sacado pimpinas con el combustible para rociarlo.

Un fósforo quedó encendido.

Quedó malherido en la misma esquina donde en julio otro presunto asaltante fue objeto del mismo tipo de agresión, la diferencia fue que le dieron dos balazos en la cabeza que lo llevaron casi muerto al Hospital Manuel Núñez Tovar.

Es que en Negro Primero la gente se cansó de la delincuencia, de que no se les preste atención cuando denuncian los robos y los hurtos que a diario ocurren en esta comunidad, perteneciente a la parroquia San Simón de Maturín y donde el mes pasado se registraron 11 de los 16 intentos de linchamientos de presuntos azotes.

Alí era observado sin piedad, con rabia, era objeto de humillación. «Palo es que debes recibir por malandro», le repetían mientras él lloraba en el piso insistiendo que lo habían confundido y que era el novio de la muchacha, que estaba bajo resguardo de los detectives.

«Pero ¿por qué lo hiciste»?, seguía un policía no más alto que él. Arrodillado, Alí solo repetía que no fue él. La mujer, en medio de una crisis de nervios, ni se le acercó para ayudarlo.

Quienes viven en Negro Primero aseguran que Alí forma parte de un grupo de supuestos asaltantes que viven en la antigua sede de la biblioteca pública Julián Padrón, que ahora es una sede vieja, abandonada, una infraestructura usada como guarida de indigentes.

En Monagas, las agresiones de presuntos delincuentes repuntaron en agosto. Ese mes, además de los 16 intentos de linchamiento ocurrieron cuatro muertes, de las cuales dos fueron en el municipio capital.


Decesos

El registro propio da cuenta que las muertes a golpes se han registrado las parroquias Los Godos y Boquerón, en el caso de Maturín; y Punta de Mata, municipio Ezequiel Zamora.

En Zamora, el homicidio de dos sujetos fue atribuido a vecinos de José Antonio Sucre que se dedicaron a montarle cacería a quienes desde hacía una semana robaban y hurtaban objetos de las viviendas.

Además de golpearlos con palos, los hombres, de quienes se presume eran padre e hijo, resultaron con heridas abiertas, propinadas con un machete. También los quemaron.

Alexander Palma, es el nombre de otra víctima de linchamiento. Fue asesinado de la misma manera que los dos anteriores, pero no quemado.

En ese hecho, ocurrido un 22 de agosto, los habitantes lo interceptaron cuando salió de su casa, ubicada en la población rural de Puente Gómez, parroquia Boquerón.

Su hermano Danny Palma recibió una tunda esa vez, de hecho fue hospitalizado porque también lo hirieron con un arma blanca.

La familia declaró que los hermanos Palma salieron de casa para cazar iguanas. La comunidad argumentó que estos eran culpables de los robos en el sector y que decidieron tomar la justicia con sus propias manos en vista de que los cuerpos de seguridad no tomaron en cuenta las incontables denuncias sobre los delitos que allí se perpetraban.

Por este caso, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) detuvo recientemente a dos hermanos: Asdrúbal Ramón (33) y Manuel Antonio (43) Brito Morey, siendo la primera detención por este tipo de delito que se registra en el estado.

 

RugsUSA WW

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