Vehículos autónomos, sanidad conectada o innovaciones industriales son algunas de las esperanzas depositadas en la tecnología 5G que está por llegar. Pero se necesitará tiempo para desplegar una red con la capacidad de dar respuesta a estas innovaciones.

Los primeros teléfonos compatibles con la 5G llegarán al mercado en el segundo semestre.

Si bien la red es mucho más rápida que la 4G, la 5G no tiene por qué dar una sensación de velocidad a los usuarios desde un primer momento. Hará falta una gran inversión y tiempo para que la cobertura esté suficientemente desarrollada para que interese realmente a los consumidores.

Las primeras ventajas serán para los operadores: gracias a la importancia de la banda ancha que ofrece, la 5G permitirá proponer un internet fijo con mucha banda ancha allí donde desplegar la fibra óptica sea más costoso. Y, sobre todo, evitará el atasco de las redes móviles ahora que ver videos en los dispositivos es tan común.

Más adelante, la 5G permitirá desarrollar la realidad aumentada, especialmente para enriquecer los eventos en directo con informaciones suplementarias en la pantalla del teléfono.

Es la gran promesa de la tecnología 5G: poder conectar todo, por todos lados y todo el tiempo. La red ha sido pensada con tres imperativos: versatilidad, flexibilidad y banda ancha. Porque más allá de conectar a los humanos, su ambición es conectar los objetos.

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