Marco Tulio Arellano.

Desde mucho antes del inicio de la Revolución Bolivariana con el Comandante Hugo Chávez al frente en 1999, ya en los andes venezolanos y en especial en los estados Táchira, Mérida, Trujillo y parte de Lara, los campesinos y agricultores de una manera organizada  ofrecían sus productos (hortalizas, tubérculos y legumbres), a los habitantes de las más importantes ciudades del país a precios asequibles.

Igualmente, desde entonces, observamos como al pie delos páramos y en las alturas  crecían las moras y las fresas,productos que en muchos casos también estaban acompañados de los duraznos y los higos.

Muy lejos quedarían los tiempos de los sembradíos de trigo, lenteja y alverja los cuales desaparecieron por extrañas razonen de los páramos,  sobre todo para dar paso a la importación, negocio que controlarían hasta nuestros días unos señores, con licencia otorgada por padrinos desde las alturas del poder.

Otro tanto ocurriría con las semillas certificadas en especial de la papa importada desde Canadá, Costa Rica y Colombia y también bajo el control de enchufados de la IV República, quienes con el tiempo se vistieron de rojo y siguieron controlando el mercado y su distribución a los campesinos a precios de especulación, al igual que lo hizo AgroPatria con algunos insumos.

Son muchos los capítulos que podríamos escribir sobre la explotación de los agricultores andinos, quienes de manera espontánea y otros bajo la protección del Estado se han visto obligados a organizarse, para subsistir en un mercado que abre su propio camino.

El esfuerzo para luchar contra los intermediarios y las mafias ha sido titánico; sobre todo para los campesinos evitar que les compren sus productos a precios de gallina flaca y además, para superar a los capos quienes venden a precios exorbitantes sus insumos como los fertilizantes y otros productos químicos,utilizados para combatir las plagas delas cosechas.

Muchísimas anécdotas e historias podríamos escribir de los agricultores y campesinos del occidente venezolano (de los páramos, Sur del Lago y  parte de los llanos),los campesinos  han buscado su propia red de mercadeo, algunos con su propio transporte y otros bajo el pago de inescrupulosos fletes y su lucha constante, para poder ofrecer sus productos en el mercado nacional.

El tiempo puede dar muestras de su organización, a pesar de las roscas surgidas en la bolsa y las ruedas del mercadeo, que son como un verdadero espectáculo a la hora del regateo de las cosechas que se ofrecen en  venta y en compras a futuro, por los mercaderes del templo quienes no son tan bíblicos y honestos.

A todo lo largo de las carreteras del país podemos observar caravanas de gandolas y cavas refrigeradas que transportan los productos a importantes ciudades, ya no tan sólo a las del centro sino hacia el Oriente (Nueva Esparta, Sucre, Anzoátegui, Monagas, Delta Amacuro, Amazonas y Bolívar)

Los riesgos no se hacen esperar además del mercado especulativo del cual son víctimas los campesinos. La red varía desde los propietarios de camiones para transportar altas toneladas, hasta las cavas con refrigeración que garantizan la preservación, especialmente de las hortalizas y legumbres que forman parte de la Seguridad Alimentaria.

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