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La Venezuela posible

¿Estamos condenados a una cotidianidad de necesidades que pueden ser aún mayores? Depende.

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Luis Eduardo Martínez, exgobernador de Monagas.

Escribo estas líneas en la madrugada del lunes 11 de Marzo. Hace minutos se reestableció el servicio eléctrico en nuestra casa de Maturín después de más de 80 horas de interrupción.

Sin luz ni suministro de agua, con esporádica conectividad, compartiendo angustias con vecinos y amigos temerosos por la creciente inseguridad, comercios cerrados, sin efectivo, estaciones de gasolina y surtidores de gas colapsados, contemplamos con asombro el recurrente discurso del “yo no fui” de los jerarcas de un régimen de incapaces que ya acumula más de veinte años en el poder tras los cuales solo pueden exhibir como balance la mayor depauperación. Arruinaron al país, a que dudar, y con ellos condenaron a una tragedia sin fin a millones de connacionales que merecen vivir mejor.

Seguramente nunca conoceremos con exactitud la magnitud de la tragedia de estos días recientes: ¿cuántos murieron por imposibilidad de ser atendidos en los hospitales?; ¿cuántos fueron asesinados en calles oscuras donde reinaba el malandraje?; ¿cuánto perdieron las victimas de saqueos que se ocultaron al común o los que con gran sacrificio habían logrado tener una reserva de alimentos o medicinas en sus casas y se les dañó por la falta de frio?; ¿cuántas horas-hombre de trabajo no realizado?

Tampoco nos informarán que pasó ciertamente y continuarán hasta el cansancio con la narrativa de la guerra eléctrica que nadie cree.

Lo peor es que lo sucedido puede repetirse y nadie garantiza que no se dé una y muchas veces más.

¿Estamos condenados a una cotidianidad de necesidades que pueden ser aún mayores? Depende.

¿Depende? ¿De quién? De nosotros mismos, de nadie más.

Si no entendemos que nuestros males como nación son el resultado de un régimen de incapaces y unos cuantos ladrones que excusándose en la siembra de un modelo –el socialismo del siglo XXI- que en ningún país del mundo ha sido exitoso se han empeñado en implantar políticas y programas que mientras empobrecían a las grandes mayorías y nos retrotraía a tiempos superados hace mucho, enriquecía groseramente a unos pocos, el estado de cosas que hoy padecemos perdurará por siempre.

Si no comprendemos que tenemos que poner de nuestra parte para salir pronto de este régimen, que es deber común procurar que cese la usurpación, se instale un gobierno de transición y se realicen elecciones libres y transparente que conduzcan a hombres y mujeres decentes a gestionar la reconstrucción de la nación para que el mañana se distinto, el futuro será desolador.

En 1945 Alemania era una nación devastada. Tras doce años del nazismo, una coalición internacional liderada por Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, aplastó los últimos vestigios del autoproclamado “Reich de los mil años”. Suicidado Hitler y su mujer, ajusticiados la casi totalidad de los jerarcas del gobierno y del partido, se inició un proceso de reconstrucción con financiamiento extranjero del llamado “Plan Marshall” que les llevó a convertirse en una potencia hoy con estándares de vida de su población de los más altos del planeta.

La Venezuela posible es así: contamos con suficientes recursos y bastante talento para que con apoyo internacional en una primera etapa y mucho trabajo pasemos a ser un referente de progreso y prosperidad en el continente.

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