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La ruta electoral

Uno de los principios fundamentales en una democracia es el de la alternabilidad.

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Eduardo Fernández, presidente del Ifedec.

No existe método más civilizado, inteligente y democrático para dirimir diferencias políticas que la vía electoral.

Desde luego, las partes que concurren a un proceso electoral tienen que tener la seguridad de que el proceso será impecable, transparente, rodeado de todas las garantías que lo hagan verdaderamente representativo de la voluntad popular.

En Venezuela tenemos que hacer un enorme esfuerzo por fortalecer la cultura democrática. En los doscientos años que llevamos como nación independiente, lo que ha prevalecido es el militarismo, la arbitrariedad, el caudillismo. Todavía el espíritu de Carujo anda suelto por estos lares como se acaba de comprobar con la decisión del gobernador del estado Vargas de erradicar el símbolo del civilismo venezolano, el primer presidente civil de Venezuela, el primer rector de la Universidad de Caracas, héroe epónimo de aquel estado, el doctor José María Vargas.

En los últimos meses hemos visto como se han hecho esfuerzos denodados por lograr un desenlace militar a la crisis venezolana. Esfuerzos dirigidos a provocar una acción de la Fuerza Armada Nacional y también, peor todavía, una acción de la Fuerza Armada norteamericana. Siempre dije que ninguna de las dos era probable y que ninguna de las dos era deseable. Las expectativas creadas alrededor de esas opciones fueron muy grandes. La frustración subsecuente también es muy grande.

Los más autorizados voceros del Gobierno norteamericano han planteado que la hipótesis de una acción militar en nuestro país ha sido desechada. Los países asociados en el llamado Grupo de Lima también se han manifestado en contra de una intervención militar del extranjero.

En estas circunstancias ¿qué nos queda a los que queremos salir del Gobierno de Maduro y avanzar hacia una Venezuela moderna? Concentrarnos en la que ha debido ser la primera y la única alternativa: la ruta electoral.

Esto significa que hay que negociar dos cosas y nada más que dos cosas: las condiciones para unas elecciones libres y el cronograma para desarrollar esos procesos electorales que nos devuelvan a un clima democrático.

Uno de los principios fundamentales en una democracia es el de la alternabilidad. En democracia se gana o se pierde. El que gana debe respetar los derechos del que pierde y el que pierde debe acatar civilizadamente el resultado de la voluntad popular.

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