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La madre

Palegueia Nilovna tenía la opción de continuar medrando esperando por un pedazo de pan o las pocas monedas que su muchacho Pavel le entregaba del trabajo en la fábrica.

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Luis Eduardo Martínez, exgobernador de Monagas.

Cuando era adolescente devoraba libros a un ritmo que extraño porque las responsabilidades que ahora desempeño me impiden leer tanto como quisiera. Mis favoritos los releía varias veces y de los que más me marcaron recuerdo frases e incluso párrafos completos. De entre ellos, quizás a propósito del día, el domingo saltó a mi memoria“La Madre” de  Máximo Gorki. La obra gira alrededor de Palegueia Nilovna quien se erige a pesar del maltrato del marido primero, la prisión del hijo después y el miedo, en una activista por la libertad en la Rusia tiranizada por el régimen zarista.

“¡El miedo! ¡Eso es lo que nos pierde! Y los que mandan sobre nuestras vidas se aprovechan de nuestro miedo para asustarnos aúnmás” afirma Palegueia quien también señala “Antes metían a la gente en la cárcel cuando robaba; ahora, la encierran por decir la verdad”.

“La Madre” se desarrolla en un tiempo de miseria generalizada, de enfermedades y hambruna, de opresión por parte de una elite que disfruta de los más groseros privilegios negando a las grandes mayorías cualquier derecho.

Palegueia bien pudo quedarse en su paupérrima vivienda, quejándose en solitariopero en algún momento entendió que solo involucrándose sin descanso, aunque fuese  repartiendo panfletos, sería posible que su mañana cambiase.

Palegueia Nilovna hay muchas en la Venezuela de hoy: las madres de los centenares de caídos en 20 años de lucha por democracia plena, las de los miles que han padecido prisión y torturas por el solo delito de disentir, las de decenas de miles hijos muertos por el hampa desbordada, las de los centenares de miles niños flacuchentos que se acuestan sin comer o que enfermos padecen por la falta de medicamentos, las de los millones que se ha marchado en búsqueda de oportunidades.

Palegueia Nilovna tenía la opción de continuar medrando esperando por un pedazo de pan o las pocas monedas que su muchacho Pavel le entregaba del trabajo en la fábrica que para nada alcanzaba pero decidió luchar y entonces fue otra.

Concluyo estas líneas al salir de un programa de radio y uno de televisión; en ambos los mensajes que se recibieron seguían el mismo formato: “¿Qué va a hacer la oposición para sacarnos de esta situación?, ¿Cuándo la oposición va a lograr que el gobierno se vaya? Ya estamos cansados de que la oposición no haga nada para sacar a Maduro”.  Insistí una y otra vez que no podemos continuar viendo las cosas desde la perspectivas de gobierno versus oposición o peor de un “quítate tú pa’ ponerme yo” entre políticos mientras la gran mayoría se queda en sus casas esperando que otros resuelvan. El liderazgo opositor está haciendo su parte y entregando vidas –allítenemos aAlbán-; libertad –Zambrano, Requesen, Caro-; en el destierro o rumbo a este –Magallanes, De Gracia, Vechio, Jiménez, Borges, Ledezma, Blanco, Briceño-; perseguidos –Ramos, Mejías, Superlano; amenazados en sus propios hogares –Larissa, Mendoza, Dávila, Alcalá- y solo nombro a unos pocos pero es urgente que los “sufridores” en palabras de Rómulo Gallegos pongan de si para que muy pronto Venezuela sea otra. Y si de ejemplos de trata allí se tiene a Palegueia Nilovna, madre que no tuvo ni miedo ni descanso.

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