José Visconti, fue un narrador, comentarista y periodista deportivo, directivo de Meridiano TV.

A mediados de la década de los ochenta, era asiduo a la antigua redacción de Deportes de El Universal un señor que con un gran maletín se acercaba al escritorio que ocupaba entonces José Visconti, subjefe de la sección.

El personaje era un coleccionista de antiguos discos (de vinil, por supuesto) y de cassettes, los cuales ofrecía al mejor postor.
Y ¿quién era su mejor cliente en el diario? pues Visconti, aficionado a ultranza de las grabaciones del gran Carlos Gardel, a quien de paso imitaba.
Pues sí, además de periodista, locutor y comentarista deportivo, Visconti era un apasionado de la música del llamado ‘Zorzal Criollo’, quien a pesar de haber muerto en 1935, despertaba en el comunicador un sentimiento arrebatador.
Por eso era común escuchar a Visconti tararear los nostálgicos tangos argentinos, mientras de manera febril atacaba las páginas deportivas, que en aquella época no bajaban de catorce (14).
Uno tras otro enviaba al taller del sótano I los tubos contentivos de cuartillas y fotos del día, no sin antes –marcador rojo en mano–‘echarle un ojo’ a títulos, sumarios, textos y fotoleyendas.
Era un trabajo agotador, pero Visconti –de saco y corbata– ni siquiera sudaba y mucho menos se notaba estresado, todo lo contrario, siempre encontraba un momento para echar un chiste y reir a carcajadas.
Incluso cuando debía suplir durante los fines de semana las ausencias en la jefatura de Deportes, lo hacía con pulcritud y profesionalismo, sin quejas, siempre tarareando a Gardel.
Humor a flor de piel 
Pues sí, paralelamente al trabajo cotidiano, José Visconti apelaba a su alegre personalidad, bromeaba, reía e imitaba a todos.
El veterano Omar Lares era de sus favoritos. Copiaba casi a la perfección la particular voz del cronista –incluso en su presencia–, lo cual le sacaba una que otra sonrisa al trujillano.
De niño, luego que su padre lo obligaba a irse a dormir, imitaba los sonidos que hacían los elefantes que acompañaban a Johnny Weismuller en la serie televisiva “Jim de la Selva”, tras lo cual escuchaba los gritos de su papá: !José apaga el televisor!
“Pobrecito mi papá, Dios lo tenga en su santa gloria”, decía.
Se burlaba hasta de él mismo como cuando vino el Papa Juan Pablo II a Venezuela y se encargó –con notable efusividad– de animar los actos protocolares. Entonces recordaba entre carcajadas las palabras de una niña que al reconocerlo en la calle días después de la visita del Santo Padre,   decía a su madre: “Mira mamá, el señor que se volvió histérico cuando vino el Papa”.
Disfrutaba como nadie de las victorias de los Superleones del Caracas, como les llamaba y era amigo de los amigos.
Siempre se aferró a su incuestionable fe religiosa para salir adelante, aun en los momentos más complicados, los cuales sazonaba tarareando las canciones de Carlos Gardel.
Hoy solo queda recordar los buenos momentos. Adiós José.

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