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En África austral se preparan para epidemia de enfermedades infecciosas

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Las autoridades de Mozambique se preparaban este domingo para una epidemia «inevitable» de enfermedades transmitidas por el agua, en particular el cólera, que podría afectar a los cientos de miles de supervivientes del devastador ciclón Idai que, según un nuevo balance, dejó más de 700 muertos en la región.

En Mozambique, el país más afectado por el ciclón que golpeó el 14 de marzo África austral, «el número de muertos desafortunadamente aumentó», anunció el ministro del Ambiente Celso Correia.

» Este sábado, teníamos 417 muertos y ahora 446 muertos» porque «hemos recibido informaciones de zonas que hasta el momento estaban aisladas», agregó desde la ciudad de Beira (centro), parcialmente devastada por el ciclón.

En el vecino Zimbabue, las inundaciones catastróficas y deslizamientos de tierra dejaron 259 muertos, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y cerca de 200 desaparecidos, entre ellos 30 escolares.

«El balance podría subir porque hay zonas que hasta ahora estaban aisladas y empiezan a ser accesibles», advirtió el domingo la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

En pleno aluvión de noticias tristes, la televisión nacional zimbabuense ZBC anunció que una mujer consiguió dar a luz a su bebé tras hallar refugio del agua en lo alto de un arbol.

Gracias al descenso de las aguas que continuaba, los socorristas prosiguieron sus operaciones de distribución de alimentos y de reconstrucción de las rutas.

Sin embargo el gobierno mozambiqueño y los asistentes humanitarios están alertando sobre la aparición de enfermedades transmitidas por el agua, dado el estancamiento de las aguas y la promiscuidad en los centros de refugio.

«Es inevitable que aparezcan casos de cólera y paludismo», estimó el ministro Correia, precisando que se instaló «un centro de tratamiento de cólera».

La Cruz Roja anunció el viernes los primeros casos de cólera en Mozambique, pero las Naciones Unidas y Maputo afirmaron que todavía ellos no tenían casos registrados.

«Habrá enfermedades trasmisibles por el agua», advirtió de su lado Sebastian Rhodes-Stampa de OCHA. «Pero si (…) ya tenemos centros instalados, seremos capaces de gestionar la situación», agregó.

Logística de pesadilla

Casi dos millones de personas resultaron afectadas por el ciclón y sus inundaciones en África austral.

En Mozambique, más de 100.000 personas encontraron albergue en los centros de refugio de emergencia, especialmente colegios.

En Beira, los supervivientes se pelean por obtener comida y vestimenta, mientras que la Cruz Roja intenta reunir a los miembros de familias dispersas.

«No sé dónde está mi marido», dijo en Beira Céleste Dambo, quien fue rescatada por un barco de pesca en Buzi, uno de los distritos más afectados.

Esta mujer está durmiendo en el suelo, con sus tres hijos, en el gimnasio de la escuela Samora Machel en Beira.

Diez días después del paso del ciclón, la «logística» para acceder a los desaparecidos y hacer llegar la ayuda «siguen siendo un desafío», constató la OCHA.

Al menos 80% de la infraestructura eléctrica de Dondo, a unos 30 km al noroeste de Beira, está dañada, según el gobierno. Beira, donde vive medio millón de personas, sigue parcialmente privada de electricidad.

Aunque acaban de terminar los trabajos de reparación de la única vía que permite acceder a la ciudad y que había sido parcialmente arrasada por las aguas.

En Beira el sábado en la noche algunos faroles se encendieron, algunas calles empezaban a retomar su vida diaria y los pocos restaurantes abiertos lucían completos.

Misa nocturna

En la catedral Ponta Gea, que milagrosamente salió ilesa de la tormenta, se celebró una misa en homenaje a las víctimas, iluminados por algunas velas.

«Las personas no saben qué hacer porque perdieron sus casas, no saben dónde dormir (…) pero los mozambiqueños no se van a dejar caer», dijo el padre Pedro.

«No podemos estar en duelo. Tenemos que continuar. Tratamos de reconstruir nuestra ciudad», declaró un fiel, Wilfried Deliviai, de 19 años.

Los supervivientes aprovechaban del descenso de las aguas este domingo para reconstruir sus casas con los pocos medios a su alrededor.

En Buzi, donde cientos de habitantes han estado durmiendo afuera, en la calle o en los techos, una mujer intentaba con el agua hasta las rodillas, recuperar algo para protegerse. Otros limpiaban casas donde el agua alcanzó hasta un metro.

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