Luis Eduardo Martínez, exgobernador de Monagas.

El 4 de Febrero de 1992, un puñado de oficiales del ejército se alzó en armas contra el gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez, faltando a su juramento y en franco desconocimiento al orden constitucional.

El fracasado golpe de estado había comenzado a gestarse desde varios años atrás; algunos señalan que incluso al ingreso a la Academia Militar de quien a la postre resultaría el gran beneficio del pusch, Hugo Chávez Frías, mientras los más ubican el origen una década antes cuando el mismo Chávez, el preso Raúl Isaías Baduel, el fallecido Felipe Acosta Carles y el olvidado Jesús Urdaneta Hernández supuestamente juraron “romper las cadenas que sometían al pueblo a la pobreza y la miseria” ante el Samán de Güere y señalo supuestamente porque según el General Ángel Vivas el tal juramento fue hecho tras una larga jornada de dominó y cervezas en el casino de oficiales del cuartel Páez de Maracay, con los cuatro candidatos a héroes paloteados a más no poder.

Más de 200 vidas costó la chapucera aventura pero la torpeza de unos, el colaboracionismo de otros y la ingenuidad de aquellos que creyeron en la verborrea del luego comandante eterno facilitaron que en diciembre de 1998 los insurrectos del 4F se convirtieran en gobierno.

27 años han pasado desde la madrugada del 4 de febrero y 20 desde que Chávez fue investido Presidente. El estado de cosas en la Venezuela de hoy habla por sí solo de las consecuencias trágicas de aquella jornada.

Mientras en el tiempo transcurrido muchos países, entre ellos vecinos como Colombia, Perú y Chile y hasta chulos como Bolivia y Nicaragua han avanzado en todos los órdenes, nosotros hemos retrocedido a lo que recientemente oí fue nuestra nación tras la guerra federal. Decenas de miles de muertos por la inseguridad rampante o de mengua en el colapsado sistema de salud, millones que se han marchado fuera de nuestras fronteras, hambre presente en infinidad de hogares, salarios que nada valen, anaqueles vacíos, colas y perreras que humillan, servicios e infraestructura pública deteriorados que rayan en lo inservible, a la par de una corrupción generalizada que asombra y si todavía hay fanáticos que dudan allí están los casos emblemáticos de Diego Salazar, Andrade, Claudia Díaz, Villalobos, los expresidentes y casi un centenar de gerentes de PDVSA, la directiva de CITGO, que han sido develados por el propio Tareck Wiliam y suman más dinero que el necesario para rescatar al país del foso en el cual nos han hundido.

La dramática crisis del presente es hija del 4F y en la Venezuela que está pronta a nacer esa fecha tiene que ser estigmatizada; Día de Vergüenza Nacional deberíamos proclamar y en las escuelas enseñar a nuestros niños de cómo un grupo de militares felones intentaron implantar una dictadura lo que luego lograron para sumergir a millones en la más abyecta pobreza y miseria; gracias a Dios muy pronto nos liberaremos de esas cadenas y juntos construiremos una nueva nación con oportunidades y prosperidad generalizada.

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