OPINIÓN

Fecha: 10/01/2017
Escrito por: José Toro Hardy

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A partir del 1 de enero entró en vigencia el recorte de producción acordado por la OPEP. Como era de esperar los mercados internacionales abrieron con un aumento en el precio. Los dos principales crudos marcadores (los que sirven de referencia en las fórmulas para la determinación del precio), abrieron en alza. El crudo europeo Brent (del Mar del Norte) se ubicó en $ 57,15 por barril y el crudo WTI de Texas alcanzó a $ 55,08 por barril. Por su parte, la cesta venezolana sufrió una leve baja ubicándose en $ 45,66.


¿Cuál será el efecto neto?
No está claro el beneficio final que pueda recibir nuestro ingreso petrolero. Debemos entender que el aumento sólo beneficia al crudo que exportamos bajo condiciones de mercado y excluye por tanto el consumo interno y el que se exporta vía Petrocaribe a Cuba, Nicaragua y otros países del Caribe, que está amparado por acuerdos especiales a través de los cuales la mitad de la factura se paga mediante trueque en tanto que la otra mitad se cancela a plazos absurdamente largos e intereses ridículamente bajos. No está claro cómo afecta el aumento al petróleo que enviamos a China por concepto de pago por deudas pendientes.

En todo caso, habría que determinar el efecto neto que experimentará nuestro ingreso petrolero. Si bien hay un aumento en el precio que recibiremos por lo exportado, el mismo se obtiene a costa de recortar 95.000 barriles diarios de producción. Tenemos por tanto que calcular si lo que vamos a recibir de más por concepto del incremento en el precio de lo exportado supera a lo que vamos a recibir de menos por concepto del petróleo que dejaremos de producir. Pero hay otra consideración adicional. Venezuela está hoy en día importando grandes cantidades de crudo WTI (para diluir nuestros crudos extrapesados de la Faja del Orinoco), gasolinas y nafta (que nuestras deterioradas refinerías ya no producen en cantidades suficientes) y otros derivados de alto valor cuyo aumento en los mercados será particularmente agudo por tratarse de los productos de mayor calidad.

Al sumar y restar todos los elementos antes mencionados pudiera darse el caso de que el efecto neto resulte negativo o, en todo caso, que de haber un efecto neto positivo este resulte insignificante.
 

El efecto en el “fracking”
Pero lo anterior no es sino una faceta del problema. El otro aspecto es el impacto que el recorte de la OPEP y de algunos países no OPEP tendrá en la producción de petróleo de lutitas (shale oil) en EEUU. Recordemos que se trata de hidrocarburos contenidos en los poros y entre las capas de un tipo de rocas denominadas “lutitas”, que no pueden ser extraídos por vías convencionales; pero, gracias a una tecnología denominada “fracking” (consistente en fracturar dichas rocas en el subsuelo vía presión hidráulica), se logra liberar los hidrocarburos (petróleo y gas) que contienen. Gracias a ello la producción petrolera de EEUU había aumentado en 5 millones de barriles diarios en 5 años.

Una de las limitaciones para su aplicación era su mayor costo. Por ello, frente a la caída del petróleo en los últimos años, las inversiones en “fracking” se habían reducido. Sin embargo, debido a los recortes de la OPEP y su efecto en los precios, ya comenzó a aumentar el número de taladros dedicados a esta actividad en EEUU.

El otro aspecto es la curva de aprendizaje tecnológico que ha contribuido a reducir sensiblemente el costo de producción por barril en los principales yacimientos de lutitas petrolíferas. Veamos:

Entre el 2013 y el 2016 el costo de producción en las principales cuencas: Eagle Ford (Texas), Bakken (Dakota del Norte), Niobrara (Colorado y Wyoming), Permian Delawere (Texas) y Permian Midland (Texas) se ha venido reduciendo desde un máximo cercano a los 100 dólares por barril hasta un promedio que oscila en torno a los 35 dólares y en algunos casos baja hasta $ 27 por barril. La tendencia a la caída en el costo por barril se mantiene.

A lo anterior hay que agregar que recientemente el US Geological Service (USGS) anunció el descubrimiento del mayor yacimiento de petróleo de lutitas en EEUU, el Midland Wolfcamp ubicado en Texas, cuyas reservas se estiman en unos 20.000 millones de barriles de petróleo y 16 billones de pies cúbicos de gas natural, con un valor estimado de $ 900.000 millones.

Parece obvio que el “fracking” ha introducido cambios estructurales en los mercados petroleros al imponer un techo a los precios. Los aumentos de precios derivados de una política de recortes de producción que la OPEP parecía haber abandonado desde hace algunos años, constituyen el mayor estímulo que se le puede dar a las inversiones en “fracking”. Su reactivación conducirá a una nueva saturación de la oferta petrolera y a sacar del mercado a los productores con mayores costos.

petoha@gmail.com
@josetorogardy

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