OPINIÓN

Fecha: 09/01/2017
Escrito por: Maryclen Stelling

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Finalizada la fantasía de las navidades y despedido 2016, nos preparamos para entrar a 2017 cargados de promesas, deseos de cambio y propósitos de enmienda, al igual que temores y recelos ante el futuro.

Sin el maquillaje ni las máscaras navideñas, el país político comienza con las energías bélicas recargadas. Inmutable se debate entre las apetencias de poder y el impostergable compromiso con la democracia, la estabilidad, la convivencia y las fantasías decembrinas.

Desde las dos orillas, expertos, analistas y el liderazgo político insisten en su versión de país a pesar de las alarmantes señales que lanza la ciudadanía. Diferentes sondeos dan cuenta de importantes cambios en el espectro político, suerte de clamor desesperado desde las bases. Según encuestadoras, crece el centro político entre 45% y 55%, y ello, sin lugar a dudas, constituye un claro mensaje por interpretar obligatoriamente de parte de los bandos políticos. Fuerzas que, hasta el momento, se encuentran sumidas en sus luchas intestinas, centradas en la “eliminación” del enemigo y ajenas a la crisis multidimensional que confronta el país.

La Iglesia católica venezolana, en su doble rol político-religioso, afirma que la “crisis económica es causada por el totalitarismo socialista”. Y, en un mensaje conjunto para ser leído en las misas del primero de año, se hizo un llamado para que los presos políticos sean liberados.
El presidente Maduro renueva el Gabinete ejecutivo y ello es interpretado desde la oposición como radicalización e imposición de la línea dura, concluyendo que Maduro “ privilegió la política antes que solucionar los problemas”.

Ante su desempeño político en 2016, la MUD se revisa con miras a reestructurarse, cuestiona el individualismo partidista y plantea una “redefinición de la dirección colectiva“. Una alianza de partidos se rotará anualmente las riendas y mantienen la ruta electoral. La AN estrena nueva directiva y Julio Borges asume la presidencia; la bancada del Psuv salva su voto afirmando que el Legislativo continúa en desacato a las decisiones del TSJ. Borges, en un “no llamado a la rebelión”, recuerda a los oficiales a quienes les corresponde decidir “si quieren ser recordados como los herederos del Libertador Simón Bolívar o como los guardianes de Nicolás Maduro”. Continuará el proceso de la declaratoria del abandono del cargo por parte de Nicolás Maduro. El sector oficial insiste que la AN está “en desacato y de espaldas a la ley con una directiva ‘ilegal’; amenaza la paz del pueblo” e irrespeta “los acuerdos de la mesa de diálogo”.

Sin arrepentimientos ni propósitos de enmienda, se asoma un 2017 perdido en su laberinto.
@MaryclenS

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